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viernes, 15 de febrero de 2013

¿Existe el periodismo independiente en Grecia?

 

Son pocos los periodistas en Grecia que se atreven a tocar temas delicados o a investigar casos de corrupción. Es más, el sistema está tan podrido que incluso algunos periodistas están a sueldo de los partidos. No descubro nada, lo sé. La relación periodista-político se ha convertido en una relación entre colegas. Políticos de primera fila y periodistas de los que peinan canas se conocen desde hace más de treinta años y claro, tuteo bochornoso, masajes relajantes y poca mordedura. Cuando un político va a la tele -muchas veces, “su tele”- se limita a exponer su versión de la situación. Si se produce alguna pregunta incómoda se defiende atacando a los políticos rivales y así evita contestar.

Muchos me dirán que quién soy yo para juzgar el trabajo de periodistas que llevan más de treinta años en la profesión, pero es que me llama la atención que haya ciertos rostros “intocables” que se limiten a “abanicar” a los farsantes. Que conste que no estoy diciendo que tengan que ponerse la máscara antigás y bajar a la calle, pero lo que si exijo es profesionalidad e imparcialidad. Que no se posicionen si no quieren, pero que por lo menos informen.

Visto lo visto, a nadie le extraña a estas alturas que haya nombres de periodistas en la famosa Lista Lagarde. ¿Qué credibilidad puede tener un periodista que tiene cuentas en Suiza, hijos matriculados en universidades americanas o pisos de lujo en algunas de las principales capitales europeas? ¿Cómo tienen la cara de denunciar la práctica del “sobrecito” cuando estoy seguro de que ha sido algo habitual en el periodismo durante muchos años? No se trata de ser de izquierdas o de derechas, sino de ser consecuente con la profesión y con lo que con tanta ostentación proclaman. Hace tanto tiempo que dura la comedia que muchos han decidido apagar la tele y no creerse nada de lo que dicen los grandes canales. A los pobres jubilados, sin embargo, los tienen hipnotizados.
Por suerte, Internet se ha llenado de páginas “no sometidas” que denuncian con libertad lo que realmente pasa. Algunos de los escándalos que han ido saliendo a la luz los han destapado periodistas independientes que tienen su propia publicación. También hay canales locales de televisión que se atreven a tocar ciertos temas que serían censurados en los nacionales.

¿A quién debemos creernos?

A nadie. El corporativismo y los grupos de poder son semejantes a los españoles, así que ya sabe uno a lo que se atiene si pone un canal u otro, o si compra un periódico u otro.

Los programas sobre política que hacen por la mañana -casi idénticos en todos los canales- se han convertido en tertulias de café que no llevan a ninguna parte. Los únicos que hacen algo de periodismo son los pobres reporteros a los que se les da paso unos cinco minutos cada mañana. ¿Qué diablos hacen cada mañana los mismos diputados que el día anterior contándonos los mismos cuentos e insultándose los unos a los otros con el único fin de ganarse el derecho a volver?

El formato es prácticamente igual en varios programas, con varias ventanas en la pantalla por las que asoman los tertulianos. Nunca invitan a ciudadanos de la calle para que opinen libremente y de vez en cuando emiten algún vídeo preparado que describe la actualidad: un día es la huelga de metro, otro la protesta de los agricultores, etcétera. Después del vídeo empiezan las discusiones de “cafeneío” que fascinan al periodista. Si el tono del “debate” baja, aviva el fuego para que griten más fuerte.

Discusiones de café tenemos a la misma hora en cuatro canales distintos, y por la noche se repite la misma historia. Hay diputados que “hacen la rueda” y se les ve más en televisión que en el escaño. No me extraña que al final la gente opte por Suleimán el Magnífico -serie turca de televisión-, claro. ¿Cómo es posible que haya diputados que aparezcan el mismo día en tres o cuatro tertulias distintas? ¿Por qué lo anuncian en twitter como si fuera un mérito el asistir a tantas “charlotadas”? ¿Por qué los canales siguen llamando a los mismos?

El “color” de los tertulianos varía en función de quien gobierne. Actualmente, como hay tres socios en el Gobierno, siempre están representados -ND, PASOK y DIMAR-, así como el SYRIZA, que es el principal partido de la oposición. Es decir, tres socios contra la piedra del zapato. El DIMAR, que tiene poquísimos diputados, está en todas las tertulias. Los otros partidos con representación parlamentaria raras veces son invitados. O lo que es lo mismo, los canales no permiten que oigamos otras voces, otras propuestas, otras ideas. ¿No sería mejor invitar también a representantes de partidos sin representación? ¿No se han enterado todavía de que estamos huérfanos de nuevas propuestas? Cuando el ambiente está cargado es necesario abrir la ventana. Para escuchar a todos estos nuevos grupos de opinión hay que recurrir a canales minoritarios o a Internet.

¿Por qué no invitan a gente de la calle? Quiero oír a profesores, agricultores, taxistas, escritores, actores, inmigrantes, policías, amas de casa, jubilados, enfermos, médicos, músicos o estudiantes. Pero claro, al diputado que cobra 6000 euros al mes no le importa ir rotando gratis por los canales, aunque le insulten. Luego, si eso, se pasa un ratito por el Parlamento para ver qué se cuentan.

En lugar de buscar soluciones o discutir sobre las mismas, unos y otros se tiran los trastos a la cabeza.

No debe ser fácil ser un periodista independiente en Grecia cuando las garras del poder lo abarcan todo, llegándote incluso a amenazar o intentando comprar tu silencio con un sobre cerrado lleno de billetes.

Lo justo sería repartir las culpas entre periodistas y políticos. Un canal le hace una entrevista a Alexis Tsipras, presidente del SYRIZA, en directo, y en una hora no oímos ni una sola propuesta. Todo el discurso se basa en hablar mal del Gobierno y en describir la catástrofe que se nos viene encima, como si no lo supiéramos los que no llegamos a 400 euros al mes. Tampoco el periodista da pie con sus comentarios a que el entrevistado nos sorprenda con alguna propuesta nueva, ni las preguntas van encaminadas a ello. Hacer una rueda por las televisiones para decir que el país se hunde también puedo hacerlo yo, que soy quien lo “sufro”.

No es lógico anunciar a bombo y platillo que vas a entrevistar a un político cuyo nombre está imputado judicialmente en alguna causa y no hacer ni intención de preguntar sobre el tema, lo que me hace pensar que las cuestiones a veces están pactadas con antelación.

Eso sí, sacamos las cámaras a pasear cuando podemos grabar algo impactante, como un grupo de personas peleándose por un saco de mandarinas. Y metemos el micro a los jubilados para que peguen tres o cuatro gritos y así se desfoguen. El diálogo que se establece entre el pensionista cabreado y el periodista sentado en el estudio es patético.

La hipocresía de algunos que hoy critican abiertamente a la clase política es tan grande que no tienen ni la decencia de negar en público que han aparecido en listas de evasores fiscales. ¿Le interesa al periodista que está en la lista llegar hasta el fondo de la cuestión? Pues claro que no. A partir de ahí, o te dejas llevar por la corriente o te atienes a las consecuencias. Ha habido denuncias contra periodistas e incluso detenciones, vía partidos políticos o a través de terceros. ¿Hay libertad de información en Grecia? ¿Cuántos periodistas están metidos en el ajo? ¿Por qué no profundizan en temas capitales?

¿Sirve de algo leer cada mañana veinte veces durante el programa los titulares de los periódicos? ¿Por qué no profundizan en alguno o nos comentan los artículos más interesantes? ¿Acaso ni se los han mirado y lo hacen por puro compromiso? Leer portadas no sirve absolutamente para nada.

La gente quiere saber por qué no puede seguir con la vida que tenía antes, por qué sigue subiendo el precio de la gasolina, por qué nadie rinde cuentas ante la justicia, por qué seguimos sin conocer las cuentas de las Olimpiadas de 2004, quiénes están detrás del escándalo Siemens y cuánto se embolsaron los políticos en comisiones, qué políticos, empresarios y periodistas tienen cuentas en Suiza, por qué las empresas navieras gozan de tantos privilegios, por qué cambian las leyes de un día para otro, por qué nos vendieron el cuento de que había dinero en la caja, por qué judicialmente los diputados son casi intocables, por qué se permite aprobar leyes de “autoprotección política”, por qué siguen habiendo políticos apalancados en el escaño desde hace más de treinta años sin haber dado un palo al agua, por qué sigue entrando gente en la administración por la puerta de atrás, por qué siguen aumentando los impuestos y en cambio disminuyen los ingresos, por qué tienen que venir de fuera a decirnos lo que tenemos que hacer, por qué tanto gasto militar, por qué la iglesia no paga impuestos, por qué no se hace algo con los inmigrantes ilegales, por qué jubilaciones anticipadas injustificadas, por qué tanta permisividad con los peces gordos, por qué tanto miedo a los turcos, por qué tantos jóvenes en paro, por qué tanta burocracia absurda, por qué tanta emigración “forzosa” o por qué no cambia nada y nadie resuelve nada.

Pero lo peor de todo y por ello creo que los periodistas griegos deberían reflexionar, es por qué para enterarse de lo que realmente está pasando debemos recurrir a la prensa extranjera o a la que prácticamente vive en la clandestinidad.

 

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