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viernes, 22 de febrero de 2013

Chalkidikí (II). Sithonia: un buen lugar para escaparse.


Escribí hace más de un año sobre la primera pata de Chalkidikí aquí y sobre la isla de Amoullaní, que está en la tercera pata, aquí.

La península de Sithonia es la segunda pata de Chalkidikí. Mucho menos masificada que la primera, es mucho más atractiva para el turista si lo que se busca es tranquilidad y playas más salvajes. Sin embargo, recomiendo a los viajantes que no se encanten puesto que el cemento amenaza con ocuparlo todo. Para ver la península en su totalidad se recomienda un mínimo de una semana o incluso más. El coche es obligatorio y la posibilidad de alquilar alguna barca tiene que ser considerada, porque facilita el acceso a algunas de las playas.


Dos recomendaciones antes de entrar de lleno en la faena:
  • Chalkidikí es una zona puramente costera. Hay poquitos pueblos pintorescos aunque diría que son mejores los de la primera pata, Kassandra. Sithonia es más de sol, playa, apartamento, arena y paz.

  • Sithonia se disfruta en verano, pero hay que tener mucho cuidado con el sol. El calor puede llegar a ser excesivo y por eso recomendaría no viajar en agosto.
Desde Salónica a Sithonia hay una hora y media en coche más o menos, dependiendo del tráfico y de posibles despistes. Solamente hay una carretera desde la gran ciudad pero es fácil perderse por lo mal señaladas que están las direcciones. Casi sin darse cuenta uno puede acabar en Potidea o dentro de la primera pata porque el cruce es complicado de ver la primera vez.

 

Hay varias opciones para quedarse en la zona, aunque esta vez elegimos la costa este, concretamente en un lugar llamado Vourbouroú. En realidad no es ni siquiera un pueblo, sinó más bien una urbanización que vive del turismo familiar. Es una zona bastante tranquila en comparación con otros lugares dobde los grandes hoteles se llenan cerca de Nikití. Para llegar allí hay que desviarse después de Nikití y seguir las indicaciones, con cuidado de no pasarse porque hay que coger una carretera secundaria desde la principal que continúa hacia el sur.

 

En la semana aproximada que estuve tuve la oportunidad de ver gran parte de Sithonia, aunque me faltó la punta de abajo, donde destaca Porto Koufo y las playas/pueblos de Kalamitsi y Toroni. Calculo que entre unos 20 y 30 kilómetros de costa. Debemos tener en cuenta que en un día podría hacerse la vuelta entera a la península sin problemas, pese a que por momentos la carretera deja bastante que desear.

Cualquier lugar es bueno como centro de operaciones, en la costa este Vourbouroú o Sarti, más al sur, o en la oeste Neos Marmarás, justo en el centro. No importa porque las distancias son cortas y la sensación de estar en una isla salvaje es grande, con lo que cualquier rincón puede ser un objetivo. Son pocas las playas en las que hay olas y por eso apenas hay zonas de costa abruptas. El Egeo es una enorme piscina.

 

La playa de Karydi es una de las más conocidas de Chalkidikí y se encuentra en el mismo Vourbouroú. Destaca su arena casi blanca, sus rocas redondas y sus pinos. Ideal para los niños porque la temperatura del agua es buena y no hay olas ni corriente alguna. Mantiene todavía su belleza natural a pesar de estar siempre llena de turistas. Recomiendo ir a las seis o a las siete de la tarde, cuando el sol baja.

En la misma urbanización pero más allá de Karydi siguiendo la carretera, entraremos en otra urbanización que según tengo entendido pertenece a la Universidad de Salónica. Allí hay otra playa, creo que oficiosamente llamada “de los profesores”, mucho menos transitada aunque no tan buena como la anterior. Sopla el aire porque es una zona abierta y hay piedras traicioneras al entrar al agua.

 

La oferta gastronómica en Vourbouroú no es muy amplia y apenas hay una pizzería y alguna taberna. Las familias que veranean allí suelen comprar en el supermercado y cocinar en el apartamento, que además goza de jardín comunitario a veces con vistas al mar.

Cualquier punto de la geografía costera es accesible al mar, con lo que uno puede meterse al agua desde el bar, el hotel o la playa. Las costa es infinita y está llena de barcas amarradas frente a los hoteles, que pertenecen o están alquiladas por los clientes. Durante el día o la tarde suelen embarcar y marcharse a recorrer mundo. Uno tiene la sensación de poder llegar en barquita hasta el Monte Athos, que se divisa imponente desde muchos lugares de la franja. Harían bien en no precipitarse, porque está bastante más lejos de lo que parece.


Para ello hay que coger el barco en el pueblo de Ormos Panagias, a escasos quince kilómetros de Vourbouroú y unos diez de Nikití. Nos cobraron veinte euros por cabeza y la travesía fue larga. Las agencias que te venden los billetes tienen lugar de párking para dejar el coche. Coger una de esas barcazas decoradas a la vieja usanza se agradece y rompe la rutina de tanta playa y tanta arena. Desde el puerto las embarcaciones cogen la diagonal hacia el sur en busca de la punta de abajo de la tercera pata. Uno se da cuenta entonces de que la distancia entre “las pinzas” es notable. Una vez que se llega a la parte sur de Agios Oros, el barco gira y remonta la costa oeste en dirección a Ouranópolis. Por el megáfono van anunciando los monasterios que van pasando por delante de nuestros ojos. El barco se inclina ligeramente porque todos los tripulantes empiezan a tirar fotos desde el mismo lado. Porque aunque en la urbanización de Vourbouroú se vea poca gente, al “crucero” se apunta todo el mundo, incluyendo turistas llegados desde el otro lado en autobús. Merece la pena y es una de las pocas opciones que tienen las mujeres para ver de cerca Agios Oros -recordemos que tienen prohibido el acceso-.


Tras comer en Ouranópolis, pueblo más cercano a la entrada de la tercera península, el barco regresa ofreciendo todo tipo de atracciones para el viajero. Hay música, baile y algún pirata que nos hace la vuelta más amena. Se agradece porque el viaje en sí es un poco monótono. Como también se agradece el poderte bañar en el mar tan cerca de la habitación. Cada tarde, antes de la cena, remojón agradabilísimo.


La costa oeste hasta Porto Carrás ya la conocía. En el cuello de la botella y no todavía dentro de la poenínsula propiamente dicha está el pueblo de Nikití, con sus playas, sus hoteles y sus construcciones. Ha crecido y seguirá haciéndolo gracias o por culpa de su privilegiada situación estratégica, zona de paso hacia la tercera pata y cruce de caminos entre las dos carreteras. Hay hoteles de categoría y playas infestadas de gente hasta donde llegan incluso bañistas de Salónica. Domingueros pura cepa.

 

Playas de notable belleza como Kaolgraia, el Paraíso o la de los Olivos bien merecen un baño, aunque yo elegí de nuevo la de Agios Ioannis, bastante cerca de Neos Marmarás. Tranquila, ancha, grande y con amplia zona de párking hará las delicias de los bañistas “piscineros”. Es una infinita piscina también.


Neos Marmarás conserva parte de su belleza natural en la zona del puerto, donde hay tiendas y tabernas encantadoras. Es considerada la capital de Sithonia y prácticamente la última localidad con ciertas infraestructuras hasta Toroni o Porto Koufos. Poco después del pueblo se encuentra el puerto privado de Porto Carrás, donde hay hoteles de lujo, playas privadas, campos de golf, casino, etcétera. Yates, catamaranes y veleros que pertenecen a rusos, búlgaros o serbios adinerados duermen allí todas las noches. Desde luego, allí de todo menos crisis. Me queda por visitar la zona sur de Porto Carrás, una de las más bellas, aunque espero poder hacer alguna incursión dentro de poco.


De nuevo en la costa este de Vourbouroú merece la pena seguir hacia el sur para bañarse en Armenitsi, en Sarti o en Skala Sikiás. Sin olvidar la playa salvaje de Kabourotripes, entre Sarti y Armenitsi, de difícil acceso y que apenas tiene arena junto al agua. Apenas un beach bar abarrotado que ha inundado de tumbonas el rincón. O te apalancas en las rocas o te calzas los zapatos de agua y bajas directamente al mar desde el coche. Uno de los tesoros de Grecia bañado por aguas cristalinas y rodeado de rocas redondas de formas oníricas. Aunque para variar no está bien señalada en la carretera, sería imperdonable no bajar a verla. Lo peor es que los hippies se han ido adueñando de rinconcitos y no los abandonan en todo el verano. Se ven tiendas de esas de motañeros.


Como está todo mal señalado, es casi imposible no saltarse alguna playa de las muchas que hay, por eso a veces pienso que sería mejor tener una barca e ir haciendo paradas. Sarti es un bonito pueblo que está casi a dos horas de Salónica y que merece la pena. Hay buena oferta lúdica de restaurantes y cafeterías, así como mercado barato de alguiler que no dudan en aprovechar los jóvenes. La playa es espectacularmente grande, aunque en seguida te hundes. El agua está más fresca y sopla el aire ligeramente porque cada vez nos vamos acercando al sur. El Monte Athos parece que lo puedas tocar. Hay turistas y posee vida.

Si lo que se quiere es más tranquilidad, conviene conducir diez minutos más hasta Skala Sikiás. El pueblo Sikiás que está en el interior no vale nada, así que directamente iremos a la costa. Se come bien y el agua está estupenda. Además, es tan grande que uno parece que esté solo. Muy recomendable porque no está nada masificado.

Como se ve, una península básicamente veraniega donde todo está relacionado con el mar y la costa. Quizás el único pueblo un poco alejado de ésto sea Agios Nikolaos, que se halla en dirección a Ouranópolis por la carretera. Un lugar en el que vive gente durante el invierno, para entendernos. Los otros prácticamente mueren con el final del verano para resucitar nueve o diez meses después.

 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Chalkidikí (I). Kassandra: el sur y poco más.


 

NOTA: Iré escribiendo posts sobre la península calcídica a medida que la vaya conociendo más en profundidad. Sobre la tercera pata, por ejemplo, escribí algo aquí. Chalkidikí será un tema recurrente.

La primera pata de Chalkidikí es la península de Kassandra. Desgraciadamente, no la puedo recomendar si lo que se quiere es pasar varios días de vacaciones. No es que no tenga lugares bonitos, pero la mano del hombre se deja ver demasiado. Y no lo digo sólo yo. Leed cualquier guía seria y veréis que tengo razón. 

Pero antes de profundizar en Kassandra, comentemos un poco lo que podemos encontrar antes. La costa en la zona dibuja formas caprichosas que hacen que uno se vuelva loco. A veces da la impresión de que vayas donde vayas acabarás en el mar. Agua en la proa y en la popa. 

Existe la posibilidad de playa en el mismo Golfo Thermaiko, a unos 20 kilómetros, en Perea. Otra opción es Epanomí, un poco más lejos aunque menos masificada, ya en el Egeo. Sin embargo, como me reservo un post para estas zonas, sigamos adelante.

Playa de Potidea.

Saliendo desde Salónica hacia Chalkidikí hay autovía. Conviene evitar pasar por ella los sábados a media mañana cuando empieza el buen tiempo porque el tráfico es infernal. No hay áreas de descanso y los pueblos que van pasando no merecen la pena. Sin embargo, la carretera se va estrechando y pierde un carril por el camino. Poco antes de llegar al desvío a Kassandra, un carril para allá y otro para acá. No hay más. Por eso las colas pueden llegar a desesperar al más paciente de los conductores los días de calor.

Si lo que se pretende es sólo bañarse, sin que importe mucho la calidad de la arena ó la cantidad de gente, una buena opción es Nea Moudania. Como se ve en el mapa, es la zona costera más cercana a Kassandra que no se adentra al mar. Las playas no son demasiado buenas, aunque si lo único que interesa es tomar el sol, mojarse de vez en cuando y beber una cerveza fría, sirve. Es perfecto para aquel que no quiera hacer demasiados kilómetros. También es factible ir en autobús. Tras el desvío la carretera empeora, pero no se tarda nada en llegar. La playa la eliges tú, porque hay unas cuantas. 

Kalikratia

Quizás la playa más conocida de Nea Moudania, junto con la de la capital, sea la de Kalikratia, un pueblo costero que no tiene nada de particular, pero que frecuentan los tesalonicenses que no quieren cansarse en la carretera. Se llega en poco más de media hora. Lo más destacable es la zona peatonal, agradable para pasear, y los lugares para comer junto a la arena. La aparición del ladrillo ha hecho mella en la zona, además de la “invasión” rusa. Todos los carteles están en ruso y en griego. Ya han montado sus propios negocios. 

¡Ah! Uno de los principales atractivos de Kalikratia y de los vecinos pueblos costeros es la vida nocturna. Mucha marcha y hasta altas horas de la madrugada de Semana Santa en adelante. Los chulos de Salónica no lo dudan.

Moudaniá.

Más adelante, a unos 45 minutos de Salónica, está Flogita. Es el típico pueblo costero, todo plano y con calles anchas que van a dar al mar. Esta sensación de espacio fue la que más me gustó, porque a pesar de haber gente, se nota menos. Tarde o temprano, llegarás a una enorme plaza donde podrás dejar el coche. Una serie de tabernas recorre la playa de punta a punta, además de una serie de hoteles que se pasan por el forro la ley de costas -que dudo que aquí exista-. Además, han ocupado la playa con sus tumbonas, cosa que dificulta el paseo por la orilla.

  
Playa de Nea Flogita y acceso a la misma.

Un apunte sobre las tabernas playeras. Por lo general, la calidad es floja y siempre ofrecen lo mismo. Se trata de tener suerte y acertar con la mejor, o de dejarse aconsejar por algún habitante del lugar. Yo siempre intento evitar aquellas cafeterías o tabernas en las que se permite que algún comensal coma sin camisa. ¡Puej! Turismo basura.

Se ve mucho inmigrante ruso, búlgaro y de otras zonas de los Balcanes. Hay tantos apartamentos construidos, que dudo que sean ocupados ni siquiera durante el verano. Demasiada oferta para tan poca demanda. En invierno no hay nadie, aunque los hay que se han instalado allí para siempre.

La playa de Flogita es grande. Como la mayoría de las playas griegas, es estrechita y larga. Apenas caben tres o cuatro filas de tumbonas, las suficientes para fastidiar el paisaje. Al ser sumamente larga y no haber rocas que formen cuerno, el aire toma protagonismo. La zona es demasiado abierta y el mar siempre está removido, cosa rara en el Egeo. Apenas puede uno meterse muchos metros porque enseguida te cubre el remolino. 

Justo en el momento en el que hay que desviarse a la península de Kassandra, llegamos al estrecho de Potidea. Merece la pena hacer una excursión hasta allí y echar un vistazo al estrecho. Una bonito canal une el Golfo Thermaico con el de Toroneos. La carretera pasa por encima. El pueblo posee una gran playa, esta vez ancha y larga, que hará las delicias de los bañistas. Con el coche uno puede recorrer el canal para bañarse también en el otro lado, aunque la playa no sea tan buena. A simple vista, se ve que Potidea ha crecido mucho los últimos años, con nuevas urbanizaciones y chalets modernos. Es y ha sido siempre un lugar estratégico importante. Si hacemos un repaso a la historia veremos que ya era importante en tiempo de los persas y demás.

Canal de Potidea.

El otro lado del canal.

Aunque sus aguas no sea tampoco ninguna maravilla, es un buen lugar para tener una casa veraniega. Está al principio de la primera pata y no muy lejos de la segunda, con lo que uno puede hacer excursiones no muy largas pero provechosas durante el verano. Las casas construidas en primera línea son horrorosamente feas.

La mano del hombre se deja ver aún más si cabe en la península de Kassandra. No se puede cuantificar el impacto en uno y otro lugar, pero está claro que desde hace 30 años para acá han convertido un lugar paradisíaco en una sucesión de mamotretos de hormigón detestables. Imagino que la pata debía ser casi como una isla, con sus pueblos desperdigados por ahí y sus carreteras sin asfaltar. Hoy en día, se lo han comido. 

La carretera está bien asfaltada aunque es estrecha en algunos tramos. Circulan los autobuses de línea hasta bien abajo y a veces los chóferes van como locos. La carretera está tan cerca de la costa que, como en muchas islas, los conductores aparcan el coche en la misma. Cualquier agujero es bueno. 

Las pendientes son respetables y muchos parkings de hoteles cercanos no facilitan las cosas porque ocupan mucho terreno. Hay varios hoteles ciertamente lujosos que se nota que han sido construidos “a saco”. Todo por la pasta. Además son tan grandes que incluso poseen -o se han apoderado- playas privadas. Sólo se puede hacer uno a la idea de lo que son cuando está dentro del mar, porque desde fuera no se aprecia.

Para acceder a muchas de las playas hay que descender por caminillos con curvas en herradura o incluso por zonas no asfaltadas. Con todo, no es óbice para que se siga construyendo. Cuanto más lejos de la civilización mejor y está claro que a medida que uno se acerca a la punta de abajo la cosa cambia. El problema allí será un poco el de la falta de infraestructuras. Lo mejor de la zona baja es la tranquilidad y los campings. Hay grandes zonas y es barato. 

De todas maneras, no conozco la parte sur en primera persona, aunque me han dicho que es lo mejor de la península. Le dedicaré un post en cuando la haya visitado.

Una vez llegados abajo, remontamos por el otro lado, que no está tan “civilizado”, aunque no tiene nada de especial. 

Sani.

Posiblemente, Sani es de lo más bonito de la pata. Curiosamente, Sani es una zona artificial. Es decir, ha sido construido de la nada por los especuladores. No es que el pueblo no existiera antes, pero es que prácticamente lo han refundado y reconstruido. No hace falta decir que alguien se ha llenado los bolsillos. Sani es un Resort. Pijolandia. Nido de tesalonicenses con dinero, búlgaros, rusos, serbios y lo que os podáis imaginar. Los camareros no saben griego. Hoteles, casino, apartamentos de lujo, helipuerto, teatro al aire libre, etcétera. Se han cargado el paisaje, pero tiene la mejor playa de Kassandra. Es grande y goza de todo tipo de facilidades. Para pasar el día, vamos. Hay que vigilar en las horas punta porque el acceso en coche a la playa se masifica. Sin embrago, merece la pena. Nadie diría que al final de la triste carretera que parece no llevar a ninguna parte te encuentre este magnífico lugar recreativo. 

Sani.


Pero volvamos al otro lado para hablar un poco más concretamente de ciertos lugares. La calidad de la arena y del agua no es comparable a la de Sani en ninguna de las siguientes playas. Quizás la playa de Afytos sea la mejor de la franja en este sentido. En días centrales de verano está absolutamente lleno. El pueblo es bonito y todavía mantiene algo del pasado, aunque los mamotretos ataquen nuestros ojos una vez en el mar. Es una playa bastante cerrada con barcas que impiden que te alejes mucho de la costa. No es muy grande y eso hace que la sensación de estar enlatado se acreciente. Un par de bares-taberna colocan las jodidas tumbonas a ras de agua y se llenan de chulos y creídas panza arriba. Afytos debe ser muy agradable durante la primavera, sin mucho calor ni mucha gente. Estoy seguro de que en las entrañas del pueblo te dan bien de comer.

Playa de Afytos.

Pueblo de Afytos.

La pequeña playa de Nea Fokiá es bastante curiosa. Muy cerrada y con una pequeña cuesta que alberga tres o cuatro restaurantes decentes, ofrece la posibilidad de bañarse en aguas tranquilas. Con todo, está en pleno pueblo, con lo que la calidad del agua no es óptima. Merece la pena hacer una parada, aunque sólo sea para hacer unas fotos a la torre que hay la punta del golfo o para comer. En caso de querer chapuzarse, recomiendo alejarse del centro y esconderse por ahí entre las rocas.

Nea Fokiá.


Una de las playas de Kryopigi no vale la pena (tiene otra mejor que no visité). Es una zona de paso hacia el sur. Hay un camping y poco más. La playa es muy flojita, con arena gruesa y muy abierta. Se llega por camino de cabras en los últimos metros. Es mejor seguir unos kilómetros más hasta Polichrono, Chanioti o Pefkochori. De todas maneras, repito, estas playas todavía no las conozco.

A la playa de Kalithea le doy un aprobado. No es tampoco ninguna maravilla y las dichosas tumbonas han invadido la arena. En temporada alta es un engorro encontrar sitio para aparcar. Domina el turismo del este y los hoteles están casi a ras de agua. Otra catástrofe provocada por el hombre, a pesar de que el agua y la arena son de calidad notable.

  
Kalithea.

En resumidas cuentas, podemos decir que hasta la mitad de la península de Kassandra nos encontramos con un paisaje castigado por el "cáncer" de la construcción. La playa de Sani es la mejor con diferencia y de lo demás, Nea Fokiá y Afytos tienen cierto encanto. El canal de Potidea es espectacular y la playa es grande, con lo que recomiendo también realizar una paradita. Las playas más cercanas a Salónica son bastante malas, la verdad, aunque para alemanes, rusos o serbios sean lo mejor del mundo. 

Como opinión personal me queda decir que el turismo ruso está ayudando mucho al sector en el norte de Grecia. El problema es que, poco a poco, van creando sus propios negocios y comprando terrenos. Dentro de unos años, seguramente el negocio lo harán ellos. Ya en España -conozco la Costa Dorada- ha crecido el turismo ruso ostensiblemente. Y no es precisamente turismo de chancla. Alquilan las mejores habitaciones y dejan las mejores propinas. Pero a España sólo van a pasar unos días para luego volver. A Grecia han venido para quedarse. Que cada uno saque sus propias conclusiones. 

Afytos

NOTA: como he escrito a lo largo del post, Kassandra será la protagonista de otro post cuando haya hecho alguna incursión a la parte que me falta.

NOTA: conviene no dejarse engañar por las fotos que nos muestran las agencias de viajes, que nos pintan todo como un paisaje paradisíaco maravilloso cuando en realidad no lo es.

viernes, 8 de julio de 2011

Amouliani, una agradable sorpresa.




Situada entre la segunda y la tercera pata de Xalkidikí se halla la isla de Amouliani. Es bastante desconocida fuera, aunque en el norte son muchos los que pasan allí sus vacaciones de verano. Al estar cerca de Salónica, saliendo pronto puedes pasar un día de excursión agradable. Yo recomiendo un fin de semana o tres días. La isla es tan pequeña que no da para más días, a no ser que la intención sea la de quedarse a descansar y relajarse.

Desde Salónica hay varias rutas que nos llevan a la tercera península. Lo más rápido es coger la Egnatia hacia Kabala y luego bajar por Olimpiada. La carretera hasta el desvío es muy buena y luego, aunque empeora ligeramente, es aceptable. Por el sur suele haber tráfico los fines de semana y la carretera se vuelve carril único cuando nos acercamos a la segunda pata. Con todo, si uno no tiene prisa en llegar, puede ir parando en algunas de las playas que hay cerca de la carretera. Por el interior hay otra carretera de curvas que no recomiendo, a pesar de tener tramos realmente bonitos. En invierno, si lo que se pretende es visitar pueblos, se puede ir por dentro haciendo paradas.

Para cruzar a la isla hay que llegar hasta un lugar llamado Tripití. No es ni siquiera un pueblo. Podríamos considerarlo como el muelle de Nea Roda, que es la población que queda a pocos kilómetros. No es necesario llegar hasta Ouranópolis, que está más abajo, para cruzar. 


El barco que nos transporta a la isla es pequeño pero hace muchos viajes. Sale cada media hora. Amouliani se ve desde la orilla, así como otras pequeñas islitas que hay alrededor. A lo lejos se divisa el Monte Athos y la península de Agio Oros.

No es necesario embarcar el coche. Hay gente que aparca el coche en el muelle y cruza a la isla sin vehículo. Desde luego, en la isla de Amouliani el coche es prescindible si lo que se quiere es sólo permanecer allí un día o dos. En coche la isla puede ser recorrida en menos de un día.

Los vehículos de Amouliani son las barquitas de motor. Se alquilan en cualquier lado y no hace falta tener ningún carné especial; sólo el de conducir. Desconozco el precio por día, pero no creo que sea muy caro y además te permite moverte de lado a lado muy cómodamente. Incluso existe la posibilidad de acercarse a las caletas de las otras islas, cosa que con el coche es imposible porque no llegan barcas grandes. 

Una opción interesante y económica es la de coger un enorme barco decorado a la antigua, como de piratas, que te da una vuelta grande a la isla, realizando paradas para el baño. La gente joven de la zona lo prefiere porque sale bien de precio y te lleva a las mejores playas. Lanzarse al mar desde un barco pirata es un lujo. El barco echa un rato el ancla y el que quiere se tira al agua y nada hasta la costa. Al cabo de una hora suena la bocina y los bañistas nadan hasta el barco y suben por las escaleras. 


Pero lo ideal, creo yo, sería alquilar una barca de motor. Tienes libertad para hacer lo que quieras. Los valientes le meten caña y ves como las barcas levantan el morro peligrosamente. Cuando estuvimos apenas había oleaje a pesar de que soplaba el aire ligeramente. El Egeo volvió a no defraudarnos. La temperatura del agua, la ausencia de olas y la limpieza eran ideales.


La capital de la isla vive del turismo. Hay hoteles y apártateles por todos lados e imagino que los nativos también alquilan habitaciones. Hay varias zonas interesantes, todavía poco urbanizadas, que las hacen agradables y tranquilas. Cada puertecito tiene su zona de tabernas y cafeterías. 


En agosto me han dicho que Amoulani se llena y pierde gran parte del encanto. Desde luego, hay que evitar viajar en temporada alta. La isla es bastante salvaje y, aunque  empiezan a verse construcciones horrorosas de cemento, no está inundada de mamotretos. No sé yo cómo estará dentro de unos años.

Como suele pasar en Grecia, cada caleta tiene su cantina. Aquí la cantina no es más que un camión o camioneta de venta ambulante de comida. Nunca pasaréis hambre. El olor a pincho de carne se mete en el mar y atrae a los nadadores hacia la costa. 

Nos pegamos un buen baño y comimos unos sándwiches que habíamos traído de casa. Volvimos a coger el coche para ir a otra playa. Tuvimos que volver atrás porque la carretera terminaba en la cala. Las señalizaciones en la isla no son muy buenas y es posible que, si nos vamos en busca de aventuras, acabemos en una calle sin salida o en un precipicio rocoso. 


A la segunda playa llegamos después de que se acabase el asfalto. Era una playa muy estrecha, como la mayoría de las de por aquí, con varios chiringuitos. Soplaba el aire porque era bastante abierta, pero en el mar se estaba de fábula, con un agua limpia y clara y una arena fina fantástica.


Como queríamos aprovechar el día, regresamos pronto y fuimos a Ouranópolis. La idea era la de pegarse un último baño y tomar un café. 

Ouranópolis es prescindible. Curioso de ver, sí, pero nada más. Es el puerto que te lleva a Agio Oros. Está plagado de tiendas iguales que te venden recuerdos del Monte Atos y de los monjes. Hay apartamentos y playas, todo hecho de cara al turista. Evidentemente, la zona de tabernas es muy bonita. El pueblo vive de la montaña y de los turistas o peregrinos que van a ella. Como las mujeres no pueden cruzar, se quedan unos días en tierra mientras los varones pasan tres o cuatro días haciendo vida con los monjes. 


Hay un resort poco antes de llegar al pueblo y una gran playa, pero poca cosa más. Bueno sí, unas horrorosas urbanizaciones que se han cargado el paisaje. 

De regreso pusimos gasolina. Os recomiendo que vayáis con el depósito lleno desde la gran ciudad, porque el precio en la isla y en los alrededores es más alto. Volvimos por una carretera interior flanqueada por plantas y flores muy altas que eran como árboles. Hacían sombra. Casi sin quererlo llegamos el pueblo de Stageira, que es donde nació el gran Aristóteles. Hicimos una visita rápida al Jardín de Aristóteles y montamos otra vez. Una hora y media después estábamos de nuevo en Salónica. 


Amouliani, llamada la “Mykonos del norte”, será el objetivo de futuras visitas, sin duda.