Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Excursiones por Grecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Excursiones por Grecia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de febrero de 2014

Veria, ciudad paulina.

Iglesia de la Resurrección de Cristo.

Veria (Βέροια) es una bonita ciudad situada a 70 kilómetros de Salónica hacia el oeste. Se halla al pie de una imponente sierra llena de hermosas arboledas. Conocida como “la pequeña Jerusalén” debido a la cantidad de iglesias que cobija, es rica en hortalizas, viña y árboles frutales. La ciudad y, en general, toda la región de Imathía, también es prolija en aceite y miel.

Sus frutas y verduras abastecen a los grandes mercados del país. Solo la isla de Creta supera en cantidad y calidad la producción de frutas y verduras. El producto “estrella” de la ciudad paulina es el melocotón, que se exporta a los países vecinos en cantidades notables. El vino de Veria quizás no sea tan famoso como el de Nausa, un pueblo vecino lleno de bodegas, aunque la tierra es la misma y también se hagan vinos de alta calidad.


Escuela de Aristóteles, a unos 10 minutos de Veria.

Pero si por una cosa es conocida la ciudad es por un dulce llamado “rebaní”, que se vende en todas las pastelerías de la ciudad. Aunque la receta es la misma, cada local lo hace un poco a su manera. Sin embargo, la fama se la lleva una familia cuya tercera generación sigue viviendo de la venta del rebaní. Nadie conoce exactamente las proporciones de cada ingrediente y por ello varía, aunque es en ese sitio donde se guarda bajo llave la fórmula secreta.  

La zona es rica en minerales y, aunque se halle alejada del mar, sus situación geográfica a los pies de los montes Vermio hace que los inviernos sean bastante fríos. No en vano, a pocos kilómetros de Veria hay pistas de esquí.

Al pequeño Tripótamos se lo ha tragado el progreso. 

El crecimiento inexorable de la civilización ha hecho que la construcción se haya engullido al río Tripótamos, pequeño arroyo que rodea el barrio de la Barbouta. Desgraciadamente, parte de la zona está bastante descuidada y la vegetación ha crecido tanto que es imposible bajar a mojarte los pies.

Desde la plaza principal de la población, llamada Eliá (olivo) se divisa una gran planicie donde llegaba el mar en tiempos de Alejandro Magno. Quizás ésta se a la única pega que ponerle al lugar. La playa más cercana queda a más de 50 kilómetros, en Katerini, con lo que en verano se llegan a temperaturas que a veces superan los 35 grados.

Iglesia de San Antonio, en el centro de la ciudad.

Se hace imposible visitar todas las iglesias que existen en Veria porque algunas están cerradas al público y otras están siendo restauradas. En la actualidad quedan 50 iglesias en pie, aunque llegaron a haber 70. Para que nos hagamos una idea de la proporción, tengamos en cuanto que en Veria hay censados del orden de unos 45.000 ciudadanos.

Estación de esquí (Seli), a unos 20 minutos de Veria.

De entre los museos, son el arqueológico y el bizantino los más interesantes. Ambos son modernos, no excesivamente grandes y poseen obras de lo más interesantes. Un recorrido a pie por el centro que vaya de un museo al otros puede ser de los más entretenido.

Como la ciudad es una de las históricas del país, el Ayuntamiento pone su esfuerzo en mejorar año tras año su biblioteca, la más prestigiosa de la zona norte. En época bizantina, Veria era la tercera ciudad en orden de importancia, tras Tesalónica y Constantinopla.

El pantano Aliákmonas está situado a las afueras de la ciudad.

A unos 10 kilómetros de Veria se halla el pantano del río Aliákmonas, que se encarga de abastecer a la ciudad de Salónica. Conviene dejarse caer en aquella zona y darse un paseo tranquilo por la orilla. Dependiendo de la época se pueden alquilar bicicletas.


Para que la excursión sea completa debe visitarse Vergina, las ruinas de Pella y el parque de San Nicolás en Nausa. No estaría de más visitar la escuela de Aristóteles, aunque las indicaciones para llegar al sitio dejan bastante que desear.

El Parque de San Nicolás en Nausa es el mejor rincón de Imathía. Está a 20 minutos de Veria.

El altar de San Pablo en Veria.

El altar de San Pablo es posiblemente el lugar más conocido de la ciudad. Se encuentra en todas las guías y es de visita obligada pese a que sea más importante el simbolismo que el monumento en sí. Fue allí donde el apóstol Pablo predicó a los judíos en el transcurso de sus viajes. Encontramos reflejo de ello en los Hechos de los Apóstoles.

Hechos de los apóstoles, 17.
13. Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba predicando la Palabra de Dios en Berea, fueron también allá para agitar al pueblo y crear disturbios.
14. Inmediatamente los hermanos hicoeron salir a Pablo hacia la costa, mientras Silas y Timoteo se quedaban en Berea.
15. Los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

A lo largo de la historia, los cristianos fueron perseguidos y algunos árboles nos recuerdan con sus placas los ahorcamientos de los arzobispos a manos de los turcos. La mezquita ahora es una sala de exposiciones.

El monasterio de San Juan Pródromo, a unos 15 minutos de la ciudad.

Las vistas del río Aliákmonas desde el monasterio son espectaculares.

Los vehículos circulan por la zona centro a ritmo lento mientras la gente “se exhibe” en las elegantes cafeterías. Hay una escuela de formación profesional dependiente de la Universidad Aristóteles de Salónica en la ciudad y por eso suelen verse estudiantes durante todo el año.

La zona peatonal de tiendas es realmente bonita, con algunos cafeneios de lo más típico, fuentes y almacenes pequeños. Desgraciadamente, con la crisis muchos negocios han tenido que cerrar.

Gran parte de los habitantes de la ciudad son de origen pondio o póntico.

En este plátano los turcos ahorcaron al arzobispo Arsenio.

Existe también una zona judía, llamada Εβραικά, que incluye una sinagoga. Las viviendas del barrio de Κυριώτισσα son muy curiosas, pintadas de colores llamativos y con tejados de madera y pizarra que nos recuerdan el Pirineo. No vive mucha gente en él y hay zonas medio abandonadas. Está poco iluminado de noche.

Si se visita Macedonia, Veria es una ciudad a la que hay que ir. Aunque no se mueve al ritmo de las grandes metrópolis y no tiene mar, merece la pena. En ella encontraremos una mezcla de cristiandad y modernidad muy curiosa, que hará las delicias de los turistas que busquen paz, tranquilidad, cultura e historia.

Estación de esquí 3-5 Pigadia, en Nausa. A unos 35 minutos de Veria.

viernes, 22 de febrero de 2013

Chalkidikí (II). Sithonia: un buen lugar para escaparse.


Escribí hace más de un año sobre la primera pata de Chalkidikí aquí y sobre la isla de Amoullaní, que está en la tercera pata, aquí.

La península de Sithonia es la segunda pata de Chalkidikí. Mucho menos masificada que la primera, es mucho más atractiva para el turista si lo que se busca es tranquilidad y playas más salvajes. Sin embargo, recomiendo a los viajantes que no se encanten puesto que el cemento amenaza con ocuparlo todo. Para ver la península en su totalidad se recomienda un mínimo de una semana o incluso más. El coche es obligatorio y la posibilidad de alquilar alguna barca tiene que ser considerada, porque facilita el acceso a algunas de las playas.


Dos recomendaciones antes de entrar de lleno en la faena:
  • Chalkidikí es una zona puramente costera. Hay poquitos pueblos pintorescos aunque diría que son mejores los de la primera pata, Kassandra. Sithonia es más de sol, playa, apartamento, arena y paz.

  • Sithonia se disfruta en verano, pero hay que tener mucho cuidado con el sol. El calor puede llegar a ser excesivo y por eso recomendaría no viajar en agosto.
Desde Salónica a Sithonia hay una hora y media en coche más o menos, dependiendo del tráfico y de posibles despistes. Solamente hay una carretera desde la gran ciudad pero es fácil perderse por lo mal señaladas que están las direcciones. Casi sin darse cuenta uno puede acabar en Potidea o dentro de la primera pata porque el cruce es complicado de ver la primera vez.

 

Hay varias opciones para quedarse en la zona, aunque esta vez elegimos la costa este, concretamente en un lugar llamado Vourbouroú. En realidad no es ni siquiera un pueblo, sinó más bien una urbanización que vive del turismo familiar. Es una zona bastante tranquila en comparación con otros lugares dobde los grandes hoteles se llenan cerca de Nikití. Para llegar allí hay que desviarse después de Nikití y seguir las indicaciones, con cuidado de no pasarse porque hay que coger una carretera secundaria desde la principal que continúa hacia el sur.

 

En la semana aproximada que estuve tuve la oportunidad de ver gran parte de Sithonia, aunque me faltó la punta de abajo, donde destaca Porto Koufo y las playas/pueblos de Kalamitsi y Toroni. Calculo que entre unos 20 y 30 kilómetros de costa. Debemos tener en cuenta que en un día podría hacerse la vuelta entera a la península sin problemas, pese a que por momentos la carretera deja bastante que desear.

Cualquier lugar es bueno como centro de operaciones, en la costa este Vourbouroú o Sarti, más al sur, o en la oeste Neos Marmarás, justo en el centro. No importa porque las distancias son cortas y la sensación de estar en una isla salvaje es grande, con lo que cualquier rincón puede ser un objetivo. Son pocas las playas en las que hay olas y por eso apenas hay zonas de costa abruptas. El Egeo es una enorme piscina.

 

La playa de Karydi es una de las más conocidas de Chalkidikí y se encuentra en el mismo Vourbouroú. Destaca su arena casi blanca, sus rocas redondas y sus pinos. Ideal para los niños porque la temperatura del agua es buena y no hay olas ni corriente alguna. Mantiene todavía su belleza natural a pesar de estar siempre llena de turistas. Recomiendo ir a las seis o a las siete de la tarde, cuando el sol baja.

En la misma urbanización pero más allá de Karydi siguiendo la carretera, entraremos en otra urbanización que según tengo entendido pertenece a la Universidad de Salónica. Allí hay otra playa, creo que oficiosamente llamada “de los profesores”, mucho menos transitada aunque no tan buena como la anterior. Sopla el aire porque es una zona abierta y hay piedras traicioneras al entrar al agua.

 

La oferta gastronómica en Vourbouroú no es muy amplia y apenas hay una pizzería y alguna taberna. Las familias que veranean allí suelen comprar en el supermercado y cocinar en el apartamento, que además goza de jardín comunitario a veces con vistas al mar.

Cualquier punto de la geografía costera es accesible al mar, con lo que uno puede meterse al agua desde el bar, el hotel o la playa. Las costa es infinita y está llena de barcas amarradas frente a los hoteles, que pertenecen o están alquiladas por los clientes. Durante el día o la tarde suelen embarcar y marcharse a recorrer mundo. Uno tiene la sensación de poder llegar en barquita hasta el Monte Athos, que se divisa imponente desde muchos lugares de la franja. Harían bien en no precipitarse, porque está bastante más lejos de lo que parece.


Para ello hay que coger el barco en el pueblo de Ormos Panagias, a escasos quince kilómetros de Vourbouroú y unos diez de Nikití. Nos cobraron veinte euros por cabeza y la travesía fue larga. Las agencias que te venden los billetes tienen lugar de párking para dejar el coche. Coger una de esas barcazas decoradas a la vieja usanza se agradece y rompe la rutina de tanta playa y tanta arena. Desde el puerto las embarcaciones cogen la diagonal hacia el sur en busca de la punta de abajo de la tercera pata. Uno se da cuenta entonces de que la distancia entre “las pinzas” es notable. Una vez que se llega a la parte sur de Agios Oros, el barco gira y remonta la costa oeste en dirección a Ouranópolis. Por el megáfono van anunciando los monasterios que van pasando por delante de nuestros ojos. El barco se inclina ligeramente porque todos los tripulantes empiezan a tirar fotos desde el mismo lado. Porque aunque en la urbanización de Vourbouroú se vea poca gente, al “crucero” se apunta todo el mundo, incluyendo turistas llegados desde el otro lado en autobús. Merece la pena y es una de las pocas opciones que tienen las mujeres para ver de cerca Agios Oros -recordemos que tienen prohibido el acceso-.


Tras comer en Ouranópolis, pueblo más cercano a la entrada de la tercera península, el barco regresa ofreciendo todo tipo de atracciones para el viajero. Hay música, baile y algún pirata que nos hace la vuelta más amena. Se agradece porque el viaje en sí es un poco monótono. Como también se agradece el poderte bañar en el mar tan cerca de la habitación. Cada tarde, antes de la cena, remojón agradabilísimo.


La costa oeste hasta Porto Carrás ya la conocía. En el cuello de la botella y no todavía dentro de la poenínsula propiamente dicha está el pueblo de Nikití, con sus playas, sus hoteles y sus construcciones. Ha crecido y seguirá haciéndolo gracias o por culpa de su privilegiada situación estratégica, zona de paso hacia la tercera pata y cruce de caminos entre las dos carreteras. Hay hoteles de categoría y playas infestadas de gente hasta donde llegan incluso bañistas de Salónica. Domingueros pura cepa.

 

Playas de notable belleza como Kaolgraia, el Paraíso o la de los Olivos bien merecen un baño, aunque yo elegí de nuevo la de Agios Ioannis, bastante cerca de Neos Marmarás. Tranquila, ancha, grande y con amplia zona de párking hará las delicias de los bañistas “piscineros”. Es una infinita piscina también.


Neos Marmarás conserva parte de su belleza natural en la zona del puerto, donde hay tiendas y tabernas encantadoras. Es considerada la capital de Sithonia y prácticamente la última localidad con ciertas infraestructuras hasta Toroni o Porto Koufos. Poco después del pueblo se encuentra el puerto privado de Porto Carrás, donde hay hoteles de lujo, playas privadas, campos de golf, casino, etcétera. Yates, catamaranes y veleros que pertenecen a rusos, búlgaros o serbios adinerados duermen allí todas las noches. Desde luego, allí de todo menos crisis. Me queda por visitar la zona sur de Porto Carrás, una de las más bellas, aunque espero poder hacer alguna incursión dentro de poco.


De nuevo en la costa este de Vourbouroú merece la pena seguir hacia el sur para bañarse en Armenitsi, en Sarti o en Skala Sikiás. Sin olvidar la playa salvaje de Kabourotripes, entre Sarti y Armenitsi, de difícil acceso y que apenas tiene arena junto al agua. Apenas un beach bar abarrotado que ha inundado de tumbonas el rincón. O te apalancas en las rocas o te calzas los zapatos de agua y bajas directamente al mar desde el coche. Uno de los tesoros de Grecia bañado por aguas cristalinas y rodeado de rocas redondas de formas oníricas. Aunque para variar no está bien señalada en la carretera, sería imperdonable no bajar a verla. Lo peor es que los hippies se han ido adueñando de rinconcitos y no los abandonan en todo el verano. Se ven tiendas de esas de motañeros.


Como está todo mal señalado, es casi imposible no saltarse alguna playa de las muchas que hay, por eso a veces pienso que sería mejor tener una barca e ir haciendo paradas. Sarti es un bonito pueblo que está casi a dos horas de Salónica y que merece la pena. Hay buena oferta lúdica de restaurantes y cafeterías, así como mercado barato de alguiler que no dudan en aprovechar los jóvenes. La playa es espectacularmente grande, aunque en seguida te hundes. El agua está más fresca y sopla el aire ligeramente porque cada vez nos vamos acercando al sur. El Monte Athos parece que lo puedas tocar. Hay turistas y posee vida.

Si lo que se quiere es más tranquilidad, conviene conducir diez minutos más hasta Skala Sikiás. El pueblo Sikiás que está en el interior no vale nada, así que directamente iremos a la costa. Se come bien y el agua está estupenda. Además, es tan grande que uno parece que esté solo. Muy recomendable porque no está nada masificado.

Como se ve, una península básicamente veraniega donde todo está relacionado con el mar y la costa. Quizás el único pueblo un poco alejado de ésto sea Agios Nikolaos, que se halla en dirección a Ouranópolis por la carretera. Un lugar en el que vive gente durante el invierno, para entendernos. Los otros prácticamente mueren con el final del verano para resucitar nueve o diez meses después.

 

sábado, 4 de febrero de 2012

Salónica en tres días.



 La colonia española de Salónica estamos de enhorabuena. El día 26 de marzo de 2012 Ryanair estrena una nueva ruta que nos conectará con España sin escalas. Hasta ahora no era posible. Al ser catalán, me va cojonudo porque los vuelos son Girona-Salónica. 

Como la clientela que utiliza las líneas de bajo coste suele viajar pocos días, voy a echarles un cable. Este post va dirigido, principalmente, a los que cumplan los siguientes requisitos:

- Viajeros de mochila a quienes les guste mezclarse con la gente y ver lo típico de cada lugar.
- Ciudadanos que estén dispuestos a caminar, pero también a sentarse y descansar con un buen frappé en la mano. 
- Aventureros a quienes les guste disfrutar tanto de un museo como de una taberna o de un partido de fútbol.
- Amantes o amigos de la historia.
- Aficionados a la fiesta con ganas de pasarlo bien.


Salónica merece mucho la pena a pesar de salir poquito en las guías. Es una ciudad grande y muy variada. Está plagada de estudiantes y sus dos universidades, la Aristóteles y la de Macedonia, son prestigiosas en toda Grecia y parte de los Balcanes. No es extraño ver grupos de estudiantes chipriotas, búlgaros y de otras nacionalidades. Salónica fue elegida Capital Europea de la Juventud 2014. El visitante podrá observar que la ciudad anda un poco revolucionada por la construcción del metro. Los problemas en los pagos están haciendo que las obras se retrasen y cada vez parece más difícil que estén acabadas en 2014. En la zona del mar están renovando gran parte del paseo marítimo. 

/…/

Nada más bajar del avión y una vez recogidas las maletas o la mochila, se puede o coger un taxi o el autobús. Del aeropuerto al centro hay entre 5 y 10 kilómetros. Aunque los taxis aquí no son ni la mitad de caros que en Cataluña -sé de lo que hablo-, recomiendo usar el autobús. A veces a los taxistas se les “va la mano” con el taxímetro cuando se trata de ir o de volver del aeropuerto. 


La parada del autobús está justo al salir de la terminal y, como sólo pasa una línea, la 78, es imposible equivocarse. Un billete sencillo cuesta 80 céntimos si se compra en un quiosco -hay uno al lado de la parada- o 90 si se hace dentro del propio bus, en la máquina. ¡Atención que no da cambio! Hay que validarlo al subir en una de las máquinas naranjas. Los buses suelen ser dobles y se accede a ellos por cualquiera de las puertas. No suele pasar el revisor, pero mejor no arriesgarse porque las líneas más largas, como ésta (va desde el Aeropuerto hasta la Estación), son las más frecuentadas por los inspectores.     

Una voz va recitando las paradas en griego y en inglés. Desde el aeropuerto hasta las paradas centrales de la ciudad hay unos 20 minutos, dependiendo del tráfico. La dos paradas más importantes del centro son Kamara, inconfundible por el Arco de Galerio que “la guarda” y la Plaza Aristóteles, un kilómetro más allá siguiendo la Vía Egnatia. La línea muere en la estación de tren, en la misma avenida. 

Salónica está llena de hoteles y de pensiones interesantes. El nivel y la calidad de los mismos es bastante bueno. Los precios son parecidos a los de España y varían según la temporada. En la misma vía Egnatía, entre la Plaza Aristóteles y la Estación hay algunos de los más conocidos. La zona, a día de hoy, está patas arribas por las obras de metro. En el barrio de Ladádika y otros colindantes hay hoteles de calidad notable y están cerca del mar. Éstos son más caros que los anteriores aunque si se busca bien se pueden encontrar ofertas interesantes para el bolsillo. Es cuestión de preguntar.

Una vez hospedados, ¿qué es lo que no hay que perderse?

- La Plaza Aristóteles, el Arco de Galerio, la Estatua de Alejandro Magno, el Palacio de Galerio, la Rotonda, la Torre Blanca y la Iglesia de Άγιος Διμίτριος son los lugares más conocidos de la ciudad.

Podríamos empezar nuestra ruta matutina por la Iglesia de Άγιος Διμιτριος, cerca de la parte alta de la ciudad. Nos acercaremos al altar y bajaremos a la cripta por la parte derecha. A veces la puerta parece cerrada pero no lo está. Conviene saber también que no se permiten visitas a la cripta en horas de liturgia. En la iglesia será el lugar donde veremos más turistas de toda la ciudad, la mayoría de países de Este.


Bajaremos por la callecita del Soldado Desconocido (Άγνοστου Στρατιότου) y nos asomaremos al Agorá, que está muy cerca y pilla de camino. Suele estar cerrado, pero no importa porque todo lo que hay que ver se ve desde fuera, donde además hay algún cartel informativo. Seguimos en dirección al mar y cruzamos la Plaza de los Jugzados (Πλατεία Δικαστιρίων), que tiene más de parque que de plaza. Allí hay una curiosa iglesia bizantina (Παναγία Χαλκέων), la Estatua de Benizelos y los antiguos Baños turcos, hoy convertidos en sala de exposiciones. Desgraciadamente, tanto al iglesia -salvo si hay misa- como los baños suelen estar cerrados. Cruzaremos la Egnatia, que es la principal vía de la ciudad y pasearemos por una enorme avenida que conduce a la Plaza Aristóteles.        

Una vez en el mar, nos dirigiremos hacia la Torre Blanca por el paseo marítimo. Como la torre es también museo, sigue los horarios de los museos. Creo que cobran 3 euros por persona. Es sumamente interesante y, aunque no tienen teléfonos-guía en español, merece la pena subir y visitar las diferentes plantas.

Desde arriba de la torre se divisa la Rotonda o Iglesia de San Jorge. Recomiendo subir por la Plaza Navarino (Πλατεία Ναβαρίνου). Para ello, deberemos retroceder un poco volviendo por el paseo por el que hemos venido y cruzar por el primer semáforo. Por el camino nos encontraremos algunas llamativas estatuas. Remontaremos la plaza hasta encontrarnos con las ruinas del Palacio de Galerio. Se puede entrar y es gratis, aunque la puerta está en el otro lado. Dentro hay paneles de información y planos que ayudan al turista. Prácticamente todo lo que hay que ver se ve desde la misma plaza, así que si tienen prisa o están cansados, pueden saltarse la visita. Divisaremos el Arco de Galerio al fondo y la Rotonda poco más allá. Como en la Rotonda no hay misas, se rige por el horario de los museos. Es más espectacular desde fuera que desde dentro.


- Para que la visita fuera completa, deberían visitarse también las siguientes iglesias: Santa Sofía, la Metrópolis y Axeiropitos. Están prácticamente “en ruta” o hay que desviarse un poco, pero merecen la pena. Hay muchas más iglesias en la parte alta, pero como la visita es de tres días, las pasaremos por alto.

- Otra variante de la ruta sería la de empezar pronto por la zona de Eptapirgo. Para llegar allí hay que coger el bus 23 o estar dispuesto a caminar cuesta arriba. Las vistas de la ciudad desde la parte alta son espectaculares y las fotos quedan fantásticamente bien. Luego se puede bajar andando hasta Άγιος Διμίτριος y seguir la ruta indicada.

- Los mejores museos de la ciudad son el de la Torre Blanca, el Museo Arqueológico y el Museo Bizantino. Están muy cerca el uno del otro y sé que hay una entrada conjunta del Arqueológico y el Bizantino, si se desea. Si la visita a la ciudad es de dos o tres días, tengan en cuenta que son grandes y “gastarán” dos o tres horas.


COMIDA.

Si hay algo por lo que destaca Salónica es por su oferta y calidad culinaria, conocida en todo el país. Se puede comer prácticamente a cualquier hora y no es muy caro. Hay muchos locales de comida rápida y pocos restaurantes para gourmets. Es el paraíso de los estudiantes.

¿Qué comer? Ustedes mismos. Todo está rico. ¿Qué es lo más típico de aquí? La “bougatsa” y el “soublaki”. Lo primero se come para desayunar -básicamente es hojaldre con crema o con queso- y lo segundo para comer o cenar -es pincho de carne-. A partir de ahí, “a jugar”. 

¿Qué beber? El vino más típico es el Retsina, aunque produce dolor de cabeza. Conviene pedir el vino normal de la casa a granel que lo sirven en jarritas de medio. El ouzo y el tsipouro son los licores preferidos por los abuelos. 

Los griegos se pasan el día bebiendo café. Dejo este enlace.

- Un día hay que pasarse por el barrio de Ladádika a comer o a cenar sí o sí. Busquen tabernas típicas y no duden en preguntar a los camareros.

- Otro sitio parecido obligatorio es la Plaza Átonos, pegada a la de Aristóteles. En realidad son una serie de calles peatonales que se entrecruzan. Ha bajado mucho y hay algunas tabernas demasiado turísticas, pero les gustará. 

- La zona de Eptapirgo, en la parte alta de la ciudad, contiene algunas de las tabernas más elegantes, típicas y buenas, pero está un poco lejos. Hay que coger el bus 23. Busquen alguna en la que haya música en directo.

- Ouzo Melathron está junto al mercado, cerca de la Plaza Aristóteles y de Ladádika. En esa misma zona hay varios muy pintorescos, decorados como en las islas. 

- Big Bazar. Cerca de San Demetrio, es ideal para estudiantes. Una serie de bares unidos dentro de un patio interior, que parece que albergaba el antiguo mercado. Decoración rústica y sencilla, animación y buena gente es lo que encontraréis allí. Si van un jueves, un viernes o un sábado a partir de las 22:00 lo tendrán difícil para encontrar sitio. Y eso que hay unos cuantos. 


CAFETERÍAS.

Las cafeterías en Grecia son “de categoría” y los precios son exagerados. Puestos a pagar, ahí van algunos de los mejores sitios para tomarse un café o una cerveza: 

- Torre de OTE. En la torre de comunicaciones, que es como una especie de Pirulí, hay un bar. Hay que coger el ascensor. Está en altura, es de los que gira y puedes ver toda la ciudad mientras bebes algo.

- Zona Eptapirgo. Allí hay alguna terraza con vistas espectaculares. Bus 23, recuerden.

- En la zona del puerto hay muchas cafeterías. Desde el Kitchen Bar de una de las puntas hasta el hotel Makedonia Palace encontraremos muchas a lo largo del paseo. En la misma Plaza Aristóteles hay unas cuantas dignas de París. En la terraza de la última  planta del hotel Ilektra Palace, en la misma Plaza Aristóteles, se puede tomar café a casi cualquier hora. Algunas de las más conocidas son Ernest, Le Nouveau café o Le Garçon.

Se puede pedir café en muchos sitios y llevarlo en la mano para irlo sorbiendo. Sale baratísimo y se sirve en vaso de plástico, claro.


FIESTA.

En Salónica “no se duerme”, dicen. El problema es que sale bastante caro. Los precios de las cervezas no suelen bajar de los 5 euros y los de los cubatas de 9 o 10, dependiendo del sitio. Los griegos son mucho de sentarse y charlar, incluso por la noche. Es por éso que las cafeterías están abiertas y llenas hasta altas horas. 

La zona más conocida para ir de juerga es Vilka. Está en las afueras y hay que coger la línea 31 en dirección a KTEL, que es la Estación de Autobuses. Hay varios “bouzoukia” y locales grandes llenos de gente joven. En caso de duda, sigan a las jóvenes que suben al bus maquilladas. No tiene pérdida. Ir a un “bouzoukia”, que sería como una sala de fiestas con música en vivo, requiere dinero. Muchas veces, dependiendo del cartel de la noche, hay que reservar mesa. Una mesa larga para ocho o nueve personas debe costar unos 150 euros, que incluyen una botella de bebida alcohólica. Asistir a un “bouzouki” es toda una experiencia, aunque “para gustos, los colores”.

DEPORTE.

Aquí se vive el deporte muy intensamente, principalmente el fútbol. La línea 10 nos lleva al campo de Aris y la 14 al del PAOK. Si lo que se desea es baloncesto, el Aris juega en el Alexandrio, pabellón que está dentro del recinto ferial. No hace falta coger el bus. El PAOK de baloncesto juega en las afueras y la combinación de buses es complicada. Lo mejor sería coger uno cualquiera de los que va a IKEA y preguntar al chófer por la parada más cercana. Cualquier derby entre los dos equipos les volverá locos así como cualquier partido contra el Olympiakós, el Panathinaikós o el AEK

ÚLTIMOS CONSEJOS.

Tres días en Salónica no son suficientes. Sólo da tiempo para ver el centro y visitar los principales lugares. Hay bonitas zonas de playa y barrios interesantes que deberán ser visitados en el futuro. Con más tiempo y vehiculo propio se pueden hacer muchas y muy diversas excursiones por los alrededores. Durante el verano la cantidad de posibilidades aumenta.

jueves, 13 de octubre de 2011

Atenas para lo bueno.


 

En mi post anterior recomendé no viajar a Atenas más de tres o cuatro días. Una cosa es vivir en Atenas y otra muy diferente es visitarla. Los que viven y trabajan en ella, la sufren, pero los que vamos de vez en cuando de excursión la disfrutamos extraordinariamente.

Atenas es la ciudad más cara de Grecia pero no es de las capitales más caras de Europa. La calidad de los hoteles es muy buena y los precio, reservando con cierta antelación, son muy competitivos. Hay que evitar ciertas zonas, como comenté en el post anterior, pero cerca de la Acrópolis hay tantos que incluso puedes ir sin reserva y probar suerte. Para dos o tres noches no hace falta mucho y la oferta es generosa. Hay muchos hoteles-pensiones interesantes que me recuerdan ligeramente a los que hay cerca de la Puerta del Sol de Madrid. Hablamos de edificios antiguos de pocas plantas, con techos altos, con o sin ascensor, con decoración rústica muy acorde con el paisaje, etcétera.. Las habitaciones digamos que son decentes, si a uno no le importan los baños estrechos y las duchas cutrillas. Lo mejor es su situación céntrica y el trato amable del personal. 


También hay pensiones para la gente joven en calles adyacentes a la Plaza Syntagma. Están más apartadas de la Acrópolis, pero más cerca de Monastiraki. Apenas hay una parada de metro entre un lugar y el otro, con lo que el tramo se puede hacer perfectamente a pie.


Uno debe olvidarse de todo lo demás. Nuestra ruta se centrará en la zona antigua. Dibujaremos en el mapa una frontera de calles que no sobrepasaremos. Fundamentalmente el casco antiguo que incluye prácticamente todas las ruinas griegas que salen en las guías turísticas. 

A la Acrópolis hay que subir por lo menos una vez en la vida. No sólo merece la pena por el Partenón y las Cariátides, sinó también por las impresionantes vistas desde lo alto. No hay que quedarse ahí, claro. Deben visitarse los edificios que hay dentro de la verja, el Teatro de Herodes, el de Dionisio, el agorá, etc… La visita no será completa si uno no va al Museo de la Acrópolis. Los griegos están muy orgullosos del mismo, aunque a mí me pareció pequeño si lo comparamos con el Prado o el Louvre. Los saqueos sucesivos que ha sufrido la ciudad al largo de la historia han hecho que muchas de las piezas que deberían estar ahí se encuentran en otros museos. Las constantes reclamaciones nunca han sido escuchadas por los gobiernos extranjeros y el patrimonio sigue incompleto.


Asistir a un concierto en el Teatro de Herodes es excepcional y os lo recomiendo fervientemente. Es como si no hubiera pasado el tiempo.


La subida al monte y la visita al museo, si se hacen a conciencia, pueden llevar prácticamente un día. A buen ritmo y madrugando un poco, en una mañana lo podemos ventilar. 

Los alrededores de la Acrópolis también piden una visita. El paseo es agradable porque las calles son peatonales y se puede respirar gracias a su anchura. Aunque siempre hay gente, no da la sensación de agobio como la que uno puede sentir al cruzar los propileos. Allí si que hay gente y corremos el riesgo de quedar separados del grupo. 

Monastiraki y los alrededores de Plaka invitan a tomar asiento. Un frapé o una cerveza con la Acrópolis de fondo sacian la sed y sientan mejor. Hay vida todos los días del año y las terrazas están siempre llenas a pesar de la crisis. Es la otra Atenas. No tiene nada que ver con el resto. Las calles son bastante estrechas y casi no hay separación entre una taberna y otra. Los taberneros y los camareros hablan algo de español y te intentan convencer para que te quedes en su bar y no en el otro. Hay gente a cualquier hora del día. 


Toda la zona de Monastiraki es muy bonita y agradable a pesar de que en la entrada al metro haya algún que otro sucio pidiendo para el billete. También hay mucho top manta en las calles que, aunque no es molesto, desentona con el paisaje. Patrullan policías a pie aunque no suelen detener a nadie. Los inmigrantes tiran de las cuerdas, cargan con la mercancía y corren hacia otra calle. 


Pasada la plaza, hay varios callejones interesantes plagados de tiendas de recuerdos y más cosas. Hacen ligera pendiente y todas van en dirección a Syntagma. 

Ermou es la calle peatonal principal, ancha, limpia y llena de comercios.  Lamentablemente, Syntagma se está convirtiendo en la imagen del país, sustituyendo de este modo al Partenón y al Templo de Delfos. Para mal. 

Imagino que muchos turistas sienten cierta curiosidad morbosa. Razones no le faltan. La plaza es muy grande pero tiene poca cosa. La Avenida Vassilisis Amalias divide la plaza en dos. La parte más lejana a Ermou desemboca en el Parlamento. En una zona de muro y escaleras, justo donde están los guardias, encontramos el monumento al soldado desconocido. Suele agolparse gente cerca de los centinelas. Posiblemente estén esperando el cambio de guardia. Los soldados visten de forma tradicional y levantan la pierna de forma espectacular. Creo que tienen prohibido sonreír.


En mi opinión, a parte del edificio del parlamento, lo más destacado de la plaza es el Hotel Británico, que siempre luce especial. Los políticos intentan entrar por la puerta de atrás, no vaya a ser que les lancen huevos o yogures. Supongo que actualmente habrá turistas que quieran pasar por ahí para ver qué se cuece. Casi con toda seguridad, para su gozo y disfrute, se encontrarán con algún tipo de protesta. 


La Avenida Vassilisis Olgas nos mostrará grandes edificios que albergan diversas embajadas. Caminando podríamos llegar hasta Kolonaki, uno de los barrios más conocidos de la ciudad. Vendría a ser el equivalente al barrio de Pedralbes de Barcelona. Cuando estuve, no me pareció gran cosa. Me imaginaba otra cosa aunque para los griegos de Atenas es lo más. El barrio lo forman una serie de calles estrechas llenas de tiendas muy exclusivas. Hay alguna calle peatonal interesante y en las cafeterías se sienta la gente bien. 

Si se quiere llegar a Licabeto hay que coger un metro o un autobús que te deja a los pies de la montaña. A partir de ahí, lo bonito es subir “a pata” e ir ganando altura hasta llegar a la cima y observar las impresionantes vistas.

No recomiendo seguir en busca de otras aventuras. Una vez en el Parlamento podemos encarar Vassilisis Amalias en dirección a la zona universitaria y llegar a Omonia. No es aconsejable pasar por ese lugar de noche. Y de día es francamente prescindible. Si queréis emociones fuertes daos una vuelta por Omonia durante el invierno, cuando el frío aprieta y los freaks buscan refugio en el metro. Cerca de allí hay un mercado de lo más sucio. 

En paralelo a la calle Ermou está Mitropoleos. La zona de Plaka prácticamense se confunde con la de Monastiraki. Un laberinto de calles estrechas y peatonales harán que uno se desoriente al mínimo despiste. La catedral de Atenas se halla justo entre las dos calles. 


Fuera del recinto de la Acrópolis hay que visitar los restos del Tempo de Zeus y la Torre de los Vientos.  Están prácticamente integrados en el paisaje y se ven desde lo alto de la Acrópolis. A pie no os costará llegar ni cinco minutos.


Estos han sido los lugares principales de la ciudad que recomiendo visitar sí o sí. Una escapada al Pireo no merece la pena. Como mucho una pequeña incursión en la zona del estadio olímpico, más que nada para disfrutar de la arquitectura de Calatrava. Un partido de baloncesto de los importantes en el OAKA o en el Palacio de la Paz y de la Amistad es casi más interesante que todo lo demás. El Museo Arqueológico de Atenas se ha visto eclipsado por el de la Acrópolis, aunque la posibilidad de una visita debería ser tenida en cuenta.

Para disfrutar de “otra Atenas”, acercaos a Glyfada y alrededores. Es casi una ciudad a parte y para llegar se necesita coche o autobús. El barrio lo forman chalets y está al lado del mar.