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miércoles, 30 de abril de 2014

Euro 2004: el torneo perfecto.


En julio se cumplirán 10 años de la mayor sorpresa de la historia del fútbol, la victoria de Grecia en la Eurocopa de Portugal.

Ando unos días indignado porque siempre que se habla de fútbol defensivo y aburrido la gente nombra a aquella selección griega de 2004. Tendemos a hablar del deporte rey desde la supuesta superioridad moral que da el hecho de jugar al fútbol de una manera más atractiva, más bonita y más de posesión de balón, cuando otro fútbol es posible –y lícito-. Nos olvidamos de que el resto de selecciones también entrena, pelea y juega. Hay fútbol más allá de la liga española.

Repasando algunos de los artículos que hay en la red sobre el triunfo de Grecia, se tilda al fútbol practicado de rácano, feo, defensivo, rudimentario, físico, aburrido, pétreo, de otra época, poco vistoso, inofensivo, tímido y demás. ¡Con los años,  incluso algunos hablan de que la victoria de aquel estilo de juego hizo daño al fútbol! A todos estos enterados, que se les caía la baba con Romario o Bebeto,  les preguntaría si les gustó el fútbol que practicó Brasil en el Mundial de 1994. ¿Qué pensarán de la Argentina de 1990? Cuando gana el equipo débil es por demérito del fuerte y no por haber explotado mejor sus virtudes, claro.

En lugar de hablar de fútbol feo, podrían hacerlo de fútbol sencillo, directo, inteligente, efectivo o útil, sin posesión de pelota, pero con sentido colectivo del juego y manteniendo siempre unidas las líneas. Podrían hablar de un equipo que conocía perfectamente sus límites y que sabía hasta donde podía llegar, o de un fútbol simple partiendo desde la humildad y el trabajo. Pero ellos erre que erre con que si Grecia era un bloque de cemento armado que jugaba al patadón y poco más.

Seamos claros: el triunfo de Grecia en la Eurocopa de Portugal ha sido uno de los más justos de la historia del fútbol.

Ganó al anfitrión dos veces, en la inauguración y en la final. Portugal partía como una de las selecciones favoritas, con Luis Figo, Rui Costa, Cristiano Ronaldo, Deco, Jorge Andrade, Fernando Couto, Maniche, Costinha, etcétera. Si ya tiene mérito ganar al anfitrión en su casa, hacerlo por partida doble –una de ellas en la final-, vosotros diréis.

El partido inaugural explica muchas cosas. Un equipo mucho más potente con el público a favor y jugadores de gran clase que está obligado a ganar, contra otro formado por “desconocidos” ante la oportunidad de sus vidas. La nervios locales del primer partido en un campeonato hecho a la medida contra la tranquilidad de los que no tienen nada que perder.


Grecia castigó con dureza los pequeños errores de los rivales, como hizo Karagounis en el minuto 6 del primer partido tras un fallo en la entrega de la defensa lusa. Un error estúpido, absurdo e inofensivo en un pase raso de cuatro metros alejado del área y el guerrero Karagounis lo provecha para sacar petróleo. Bajito, feote y de piernas arqueadas, pero con dos huevos duros y un corazón que no le cabe en el pecho.


Luego mantuvo el orden y supo esperar su momento. Una de las escasas subidas del lateral con el rival volcado en el área de Nikopolidis fue aprovechada por Charisteas, que metió un buen pase a Seitaridis entre líneas.



Grecia sacó ventaja del ímpetu local y jugó con su nerviosismo. Cristiano Ronaldo, que se ve fuerte para llegar a la cobertura, no mide bien y comete penalty. El corazón le va a toda pastilla, todo lo contrario que a Vasinas, que coloca el balón suavemente, espera, se toma su tiempo y lo pone arriba con suma tranquilidad. Dos detalles sueltos, esporádicos, letales. No hace falta más. Bueno, sí, algunas paradas de Nikopolidis, que para mí no son tan importantes como la seguridad que transmite.




Después de Portugal tocaba España. Vista ahora la plantilla española, parece floja en comparación con la de la Euro 2008, pero igualmente muy superior a Grecia, por lo menos en cuanto a nombres: Carles Puyol, Íker Casillas, Raúl, Morientes, Albelda, etcétera. España marcó pronto y falló alguna ocasión, pero no sentenció el partido y Grecia empató gracias a un pelotazo largo de Tsiartas que remató con el pie Charisteas. El zurdo, que había salido por Karagounis en el minuto 53, tardó 13 minutos en ejecutar el plan. Esta vez fue un zapatazo de 35 metros, una diagonal a la espalda de Puyol, pero bien podría haber sido un centro a la cabeza de alguien, un córner o un libre directo.


Por cierto, para los que todavía se preguntan cómo fuimos incapaces de no ganar aquel partido, recordarles que Grecia había quedado primera en el grupo de clasificación para la Eurocopa, por delante de España, a la que había derrotado en Zaragoza por 0-1. España se clasificó para la Euro 2004 vía repesca, Grecia no.


El conjunto mantuvo la concentración desde el primer minuto del campeonato hasta el último. Sólo se descentró los primeros 20 minutos contra Rusia, cuando no sabía muy bien si atacar o esperar. Los rusos, que no tenían nada que perder puesto que estaban eliminados, salieron al ataque y sorprendieron a los de Otto con dos goles. Grecia se sintió fuera de su papel y no supo manejar la situación, si bien es cierto que descansaron algunos titulares. De la derrota el alemán también sacó sus conclusiones y los griegos aprendieron la lección. El gol marcado por Bulykin en el minuto 17 sería el último encajado por los griegos en todo el torneo.

Otto, el maestro.

El alemán Otto Rehhagel, que con el Werder Bremen (1981-1995) había practicado un juego alegre y ofensivo, tuvo que modificar su estilo. Organizó sus planes a partir del tipo de jugadores que tenía. Entendió perfectamente que el orden defensivo era fundamental; el fútbol griego siempre ha partido de la unidad defensiva. Dotó al equipo de personalidad propia y se mantuvo fiel al mismo estilo hasta el final. Durante el torneo vimos varios partidos repetidos, casi calcados, pero nadie supo deshacer el entramado del alemán.

Con Otto en el banquillo, nunca un equipo jugó mejor sus bazas. Grecia fue eficaz, rentabilizó al máximo sus ocasiones y manejó divinamente la estrategia. Además, no pasó excesivos apuros en defensa y no se sintió avasallado, salvo algunos minutos contra la República Checa.


A nivel táctico, Otto estuvo sublime. Planteó bien todos los partidos y acertó siempre en los cambios. Jugador que salía, daba el centro del gol o remataba. El tronco del equipo lo formaban el portero Nikopolidis, los defensas Seitaridis, Kapsis, Dellas y Fyssas, el centrocampista Zagorakis y el delantero Charisteas, ayudado por hombres no tan duros pero de calidad como Vasinas y Tsiartas, además del pulmón Karagounis, Katsouranis y Vryzas, también centrocampistas. El 4-4-2 griego acabó conviertiéndose en un jeroglífico indescifrable. Contra Rusia Otto quiso ser más ofensivo (4-3-3) y lo pagó.

Ningún equipo pudo deshacer la telaraña griega del centro del campo: ni España con Baraja y Albelda, ni Francia con Zidane, Makelele y Pires, ni Portugal con Figo, Maniche y Rui Costa, nadie.

Grecia no se desestabilizó atrás y mantuvo el rigor y la disciplina defensiva en todo momento. No concedió demasiadas ocasiones de gol y apenas hubo jugadas conflictivas en su área (ningún penalty en contra). Recibió 4 goles: uno en el partido inaugural -en el minuto 87-, otro contra España y 2 contra Rusia en un partido que no importaba. Es decir, los cuatro en la primera fase.

La pizarra de Otto funcionó. Las jugadas a pelota parada salieron bien en casi todos los partidos. Había mucho trabajo detrás, sin duda, aunque la estrategia era de lo más simple. Un centro fuerte al primer o al segundo palo, un “peinado” –o no- y un remate seco de una torre.

Tan importante como tener buenos lanzadores (Vasinas, Tsiartas, Zagorakis) y rematadores (Charisteas, Dellas, Vryzas) es saber defender los córners, algo que Grecia hizo a la perfección. Para ello, Otto llenó el área pequeña de tíos corpulentos y altos (Dellas 1,96, Seitaridis 1,85, Fyssas 1,88, Charisteas 1,91, Vryzas 1,90...).


Grecia tuvo fe, creyó. Se contagió del espíritu del Eurobasket del 87, al que muchos periodistas hicieron referencia y todavía hoy asemejan. El factor psicológico de empezar el partido y pensar que “estos tíos no me ganan”, y no hundirse nunca mentalmente a pesar de las dificultades hizo que para los contrarios fuera un auténtico suplicio jugar contra Grecia. Los helenos crecieron con el paso de los días hasta hacerse indestructible. Muy de los Balcanes, muy griego, muy -hasta entonces- de otros deportes. Tal era el desgaste físico y psicológico al que eran sometidos los otros equipos, que un gol en contra suponía el Everest. Las figuras caían, literalmente a veces, y no podían ni levantarse al tiempo que se echaban las manos a la cabeza, en una mezcla de frustración, incredulidad e impotencia.

La selección se mantuvo unida hasta el final. Grecia jugó como un bloque y ganó como un bloque. No había ni figuras, ni peinados, ni tatuajes. Karagounis estaba en el Inter, Nikolaidis en el Atlético de Madrid, Dellas en la Roma, Charisteas en el Werder Bremen, Vryzas en la Fiorentina, Giannakopoulos en el Bolton, Dabizas en el Leicester y Fyssas en el Benfica, pero no eran titulares fijos en ninguno de sus equipos. El resto jugaban en los tres grandes de Grecia: Panathinaikos, Olympiacos y AEK.

Lo curioso es que Grecia no jugó a la contra. Defendió de manera ordenada y se dedicó a esperar su oportunidad, a desesperar al rival, a no impacientarse. Desquiciar hasta soltar el picotazo. Un golpe a la yugular que dejaba al rival chocado, noqueado, torpe. Practicó un juego farragoso, agazapado y de contacto, de pelea y duro, de hombres.  

La fórmula del éxito podría resumirse en sacar ventaja de los errores y castigar  donde el rival era más débil. Sacar los córners los que tenían que hacerlo, pegar los pelotazos los que sabían hacerlo, aprovechar la altura de los hombres altos y no precipitarse nunca yendo al ataque con el riesgo de dejar la defensa desguarnecida.

Grecia remató muy poco a puerta, no tuvo la pelota, sacó pocos córners, cometió muchas faltas, le sacaron muchas tarjetas, jugó a defenderse... ¿Y qué?





El tercer rival fuerte que Grecia se llevó por delante fue Francia, selección que defendía título y que dos años después llegaría a la final del Mundial. Otro escalón hacia el milagro. El equipo aguantó y tuvo paciencia ante el depsliegue físico no exento de calidad de los Zidane, Henry, Pires, Trezeget.. En la única jugada trenzada por los griegos en todo el partido, Zagorakis sorprende por la banda derecha desdoblándose y pone un centro magistral en la cabeza de Charisteas. El remate del delantero es de manual, imparable, bello, definitivo. A esas alturas, hablar de victoria casual o de anti fútbol sonaba –y suena- ofensivo. Mientras, por el otro lado del cuadro Portugal y los Países Bajos pasaban de ronda gracias a la tanda de penalties.


Probablemente la República Checa fue la selección que practicó el mejor fútbol del torneo. Se clasificó para la semifinal tras haber ganado a Letonia, Alemania, Países Bajos y Dinamarca, y disponía de la mejor delantera, con el gigante Jan Koller (2,02), Poborsky y Milan Baros. Además contaba con Pavel Nedvev, premio Balón de Oro en 2003, Smicer, Galasek y otros que jugaban en equipos punteros de Europa.


Grecia frenó el juego aéreo, aguantó y se agarró con uñas y dientes al partido. La prórroga, Rehagel discutiendo con su segundo sobre si conviene sacar a Tsiartas o no, el córner lanzado con el “guante” izquierdo al primer palo, la cabeza de Traianos Dellas que asoma entre las torres checas, Peter Cech “escondido” bajo los palos... Que pase el siguiente.

Nadie podía esperar lo que pasó en la final y menos después de aquel partido inaugural pocos días antes. Portugal se había recuperado del golpe y por momentos había practicado un fútbol brillante. Deco, Pauleta, Figo y Ronaldo amenazaban la resistencia helena y se encontraban ante la oportunidad de sus vidas. Por Grecia volvía al equipo titular el joven Katsouranis, que entraba por el sancionado Karagounis. Una baja sensible que no se notó.


Los nervios lusos volvieron a aparecer. La posesión infructuosa no encontraba esa diagonal, ese desdoblamiento, ese pase interior entre el “hormigón”. Grecia volvió a ser un bloque sin fisuras que supo jugar con el reloj y con la ansiedad del rival. Los fantasmas de Dragao sobrevolaban Da Luz. El gol no llegaba.


Tras el descanso, un cabezazo de Charisteas –otro- desnuda a la defensa local y castiga la mala salida de Ricardo. Una cabeza entre los centrales allí donde Vasinas coloca el esférico. Es el mismo gol que vimos contra la República Checa con diferentes protagonistas.


Con todo, el gol de Grecia subió al marcador en el minuto 57, no en la prórroga como contra los checos, y muchos creían que había llegado demasiado pronto. Quedaban más de 30 minutos

Sin embargo, el gol se convirtió de nuevo en una barrera psicológica infranqueable. Después, la defensa espartana helena, el orden y el rigor táctico acabaron desesperando a los locales, que por segunda vez sentían la frustración de ver que no había manera. Los portugueses empujaban más con el corazón que con la cabeza. La selección de Grecia no se rompió y se proclamó campeona de Europa con toda justicia.


Aquella victoria la veo como una bofetada a los teóricos exagerados del fútbol, a los pedantes que postulan cuando hablan y a los charlatanes. También como una lección o un modelo a seguir para aquellas selecciones que no cuentan con jugadores de renombre, pero sí con profesionales que creen en lo que hacen.



Cuatro años después España ganaría la Eurocopa de un modo totalmente diferente, teniendo la pelota, dominando a los rivales, tocando y amasando cada ataque. El resultado fue el mismo, la victoria, a la que se llegó por dos caminos totalmente distintos. Ambos triunfos fueron justos, lícitos y elogiables, pero el de Grecia más meritorio, en mi opinión.


domingo, 3 de julio de 2011

Kostas Kenterís y Ekaterina Thanou, de héroes a villanos.


Acreditaciones de los atletas y del entrenador una vez devueltas.

Konstantinos Kenteris nació en Mitilini, una pequela isla del Egeo. Estudió Educación Física. A los 20 empezó a tomárselo más en serio y se trasladó a Salónica para continuar sus entrenamientos. Se especializó en las pruebas de 200 y 400 metros. En 1993 se proclama medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo celebrados en Narbona.

El llamado "Dios del Viento" para los griegos.

Desde 1993 hasta 1999 no se sabe nada de él. En campeonatos internacionales importantes debuta en 1999 sin mucho éxito, siendo eliminado a las primeras de cambio. Es en verano de ese mismo año, en el Campeonato del Mundo, cuando llama la atención al ganar una de las series de los 200 metros ante Maurice Green. Sin embargo, una lesión inoportuna le impide correr la siguiente serie. En el año 2000 lo coge Christos Tsekos.

Con este pobre bagaje acudió Kenteris a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Sorprendentemente se coló en la final de los 200 metros. Pese a no estar ni Maurice Green ni Michael Johnson, nada hacía pensar que Kenteris tenía posibilidades. Darren Campbell y Ato Boldon se repartían el favoritismo a pesar de que Kenteris poseía la mejor marca europea del año con 20.25. La victoria del griego le convirtió en el nuevo Pietro Menea, que había sido el último europeo en ganar la distancia en unos Juegos Olímpicos (Moscú 1980).


Tras el éxito, llegó el Campeonato del Mundo del año siguiente, que también ganó después de apenas haber disputado carreras internacionales en toda la temporada. En Munich 2002 completaría el círculo llevándose el oro de los 200 metros del Campeonato de Europa, con un tiempo de 19.85.  


Pero la gran cita estaba por llegar. Grecia había sido designada para albergar los JJOO de 2004.  Junto con Ekaterina Thanou, compañera de entrenamientos, era la figura de la selección nacional y, posiblemente, de los juegos. Estaba llamado incluso a encender el pebetero olímpico. Sin embargo, un control antidopaje por sorpresa echó al traste todas sus esperanzas y, con ellas, la de todo el pueblo griego.


El caso de Ekaterina Thanou  es más escandaloso si cabe. Nacida en Atenas, su currículum es bastante más longevo que el de Kenteris. ¿Realmente necesitaba ayuda extradeportiva para competir en los Juegos a alto nivel?

Su entrenador siempre había sido Tsekos, lo que pone en duda todas sus victorias, que comienzan en 1994. Su carrera sigue, al contrario que la de Kenteris, una evolución lógica, destacando primero en campeonatos juniors locales y luego en europeos hasta llegar a la edad senior.

En 1996 consigue su primera gran victoria (en la prueba de 60 metros) en los Campeonatos del Mundo Indoor de Estocolmo. Al aire libre es donde tiene más problemas y no consigue llegar a las finales. Eso no le impide ganar tanto el oro en la Universiada como en los Juegos del Mediterráneo.

Sigue ganando medallas y batiendo récords nacionales hasta la saciedad. En el Mundial Indoor de 1999 -que también gana- bate el récord de Grecia tres veces.

Consigue la medalla de bronce en el Mundial de Sevilla de 1999 y revalida en Gante el título de los 60 metros bajo techo.  


Sorprendentemente, consigue ganar la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney después de haber superado múltiples problemas de lesiones toda la temporada. Años más tarde, la campeona de la prueba, Marion Jones, fue desposeída del título por dopaje. Thanou no dudó en reclamar el oro a las autoridades pese al escándalo de Atenas. 


En Edmonton 2001 gana el bronce y en 2002 logra el título europeo de los 100 metros en Munich.

Kenterís y Thanou -junto con Tsekos- llenan las portadas. Sus musculados cuerpos son la envidia de todo griego y lucen orgullosos en todo tipo de anuncios y carteles. Revistas especializadas les brindan reportajes y se preguntan por la causa del éxito.

Sydney 2000.

Christos Tsekos -al que dediqué un post- y con él, todos sus atletas, estaban siendo investigados desde hacía ya varios años. Las sospechas de doping venían desde 1997. Los curioso es que desde entonces, los atletas no habían podido ser cazados. Unas veces el corredor se hallaba en Qatar o en Dubai, otras había desaparecido misteriosamente sin saberse su paradero -una vez se fue a ver a las tropas en Irak sin avisar…-, otras Tsekos ponía alguna escusa inverosímil, etcétera. Todo ello, claro, sólo hizo que acrecentar las sospechas. La IAAF y el COI no iban a dejar pasar ni una. El bochorno de Seúl 88 con la victoria del canadiense Ben Johnson en los 100 metros flotaba en el aire. Otro escándalo de tal calibre hubiera sido mortal.

Por si fuera poco, Kenteris aparecía en las grandes citas repentinamente, sin marca durante el año, y ganaba. El que ha hecho atletismo o sabe mínimamente sobre el tema, os asegurará que eso es imposible. Las marcas llegan en progresión, tras mucho entreno y competición, no por arte de magia. 

Desde luego, si lo que el COI quería era dar una lección ejemplar a todos los tramposos, lo consiguió. El alcance de la noticia, como era de imaginar, tuvo una repercusión enorme. El mensaje estaba claro: vamos a por todas y a por todos, por muy “protegidos” que estén y aunque jueguen en casa.

Primero de todo debemos decir que ni Thanou ni Kenteris dieron positivo en ningún control. La realidad es que los atletas evitaron un control antidopaje por sorpresa que se les iba a realizar la víspera de la inauguración de los Juegos. Quizás este hecho sea el que les haya salvado de una sanción mucho mayor.

Fue todo tan cutre… Alguien avisó a los atletas de que se estaba realizando un control en la villa que nadie esperaba. Los griegos agarraron la moto de Tsekos y dieron gas.

Los griegos fueron reclamados para realizar el test pero habían desaparecido. Entonces, llevados por la desesperación, tramaron un plan sobre la marcha. Muchos dirán que saco conclusiones precipitadas.

Misteriosamente, la pareja apareció en un hospital y alegó que había padecido un accidente. La noticia en Atenas y en toda Grecia se expandió como la pólvora. Los griegos no lo podían -o no lo querían- creer. Las explicaciones, tan rocambolescas como cutres, parecían tan improvisadas que nadie sabía ya qué pensar.

Thanou y Kenteris habían tenido un accidente con la moto de Tsekos que, curiosamente, nadie vio. Fueron al hospital para ser reconocidos y salieron por su propio pie a los tres o cuatro días. El griego llevaba un collarín y algún vendaje en la mano, creo recordar.

Voy a exponer mi teoría “conspiranoica“. Repito, MI LOCA TEORÍA.

- Aquella mañana todo se mueve deprisa. Han llegado los médicos con las jeringas y con los botes de orina. ¡Queremos sangre!

- Los confidentes se mueven deprisa. Alguien avisa por teléfono a los atletas y les dice que se larguen de allí a toda velocidad. Imagino que el que da el soplo sabe de la situación. Tsekos les ofrece su moto para que se alejen de allí.

- Una pregunta que planea por mi cabeza pero que sólo los expertos podrían resolver: ¿se habrían dopado calculando los días que quedaban para el debut? 

- Sobre la moto, los atletas tienen que improvisar algo. Desconozco si habrán sido asesorados por alguien. No hay tiempo para pensar pero imagino que los peces más gordos se están moviendo.  

- Kenterís y Thanou simulan un accidente de moto -alguien que simula un accidente de moto, o no las tiene todas consigo o no está muy bien del perolo-. ¡No hay testigos! Bueno, en realidad hay un testigo que dice haber ayudado a los “accidentados” a levantar la moto. En pocos días queda claro que la declaración del testigo es muy poco fiable. Además, los “pobres diablos” no presentan ninguna denuncia del mismo a las autoridades.

- Los atletas ingresan en el hospital y son atendidos por algunos médicos. Sé que soy muy malo, pero… los médicos reciben presiones desde arriba. Los Juegos se pueden ir al garete y la imagen del país puede quedar muy dañada. Hay que hacer algo por muy patético que sea. ¡Los Juegos empiezan mañana! Sin embargo -imagino que para preparar la estrategia-, los atletas pasan 4 días en el hospital. ¡Algunos de los médicos reconocen que podrían haber sido dados de alta el mismo día! ¡Menudo circo!

- Los médicos se ven obligados a intervenir. Las heridas son tan leves que, su presencia de 4 días en el hospital, podría hacer levantar sospechas, más aún teniendo en cuenta otro posible examen médico por parte de profesionales del COI. Un collarín, unas vendas y un parte de lesiones. Todo es muy confuso. Interesa que sea confuso. 

- Los atletas reciben el alta y se defienden de las acusaciones. Imagino que habrán sido aconsejados nuevamente sobre la táctica a seguir. Pero la obra de teatro es tan mala que ya nadie se la cree. Los griegos observan ante la televisión uno de los espectáculos más lamentables de su historia reciente. Todo en tiempo real.

- Finalmente, tanto atletas como entrenador, se ven obligados a devolver las acreditaciones y a salir por la puerta de atrás.  Se marchan, según dicen, “por el bien del país”. Puede leerse de otra manera: la Federación Griega los ha expulsado, a pesar de que defenderá su caso. En una patética rueda de prensa -parece un funeral- Kenteris aprovecha para anunciar que Tsekos deja de ser su entrenador.

La fúnebre rueda de prensa.

Los deportistas serán sancionados por la IAAF para luego ser absueltos (un año más tarde), aunque con cargos por parte de la Federación Griega de Atletismo. Tsekos será sancionado por haber evitado controles antidopaje de sus atletas durante años, pero absuelto de distribución de substancias prohibidas. Posteriormente, también serán condenados los atletas por haber esquivado controles.

Tras varios años -en parte por culpa de la lentitud de la justicia-, Kenteris será absuelto por la Federación Griega de Atletismo porque: “Kenteris nunca fue avisado de que debía pasar un control antidopaje aquel día”. En la misma sentencia, Tsekos sí es sancionado. La sentencia de inocencia no sentó bien en el seno de la IAAF, evidentemente.

Los atletas saliendo del juzgado, imagen que se ha hecho habitual los últimos años.

Un problema de los griegos, añado yo, es que con el tiempo olvidan. Además, para muchos griegos Thanou y Kenteris siguen siendo ejemplos a seguir, a pesar de todo.

Una vez cumplida la sanción impuesta por la IAAF, Ekaterina Thanou reapareció en el Europeo de Birmingham. Finalizó sexta ante el abucheo general del público inglés. Por si fuera poco, en 2008 fue seleccionada para competir en los Juegos Olímpicos de Bejing.


El ejecutivo del COI prohibió la participación de la atleta en los Juegos, basándose en  un artículo según el cual “el COI puede negar la participación en los Juegos a un deportista por conducta impropia o por causar descrédito a la competición olímpica”. Thanou dijo haber recibido presiones y sentirse perseguida. Sus reclamaciones no fueron atendidas. Su batalla jurídica sigue todavía hoy.


Nota: los links son o a las carreras vía youtube o noticias del Mundo Deportivo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Christos Tzekos, "el entrenador de los milagros".

 

 Mundo Deportivo 11/05/2011

Cárcel para Kenteris y Thanou.

“Un Tribunal de Atenas condenó ayer a los velocistas griegos Costas Kenteris y Katerina Thanou a 31 meses de cárcel por haber fingido un accidente de motocicleta para evitar pasar un control antidopaje un día antes de que comenzasen los JJ.OO. de Atenas'2004. El tribunal estimó que "el accidente nunca ocurrió". La condena todavía no es firme y los acusados tienen el derecho a apelar contra la decisión, algo que harán según ha asegurado su propia defensa. En el juicio, celebrado siete años después de haber acontecido los hechos, estaban acusadas hasta once personas.”

Personaje de salir en la foto, de justificar lo injustificable y de hablar por hablar. 

Detesto a las personas que siempre tienen algo que decir, que te miran por encima del hombro y que creen saber de todo. A pesar de tantos éxitos, Tzekos siempre será un personaje siniestro y bajo sospecha. Antes yo, la marca y el dinero, que el atleta. Fue desaparecer Tzekos y desaparecer los atletas. 

Una entrevista que le hicieron en la tele picó mi curiosidad. Por entonces no entendía demasiado el griego, así que estaba más atento a los gestos que a otra cosa. Bien vestido, exageradamente correcto, serio, repeinado, altivo, chulo…


Con todo, seamos realistas: personajes como Christos Tzekos los hubo, los hay y los habrá. Lo que hizo fue coger a unos cuantos atletas y conducirlos a la cima para luego abandonarlos mientras caían. 

Cazados uno por uno, estos atletas fueron desapareciendo del mapa.

De todos son conocidos los casos de Thanou y Kenteris, pero hay otros. 

En el país de los Juegos Olímpicos aquel que gana una medalla es un semidiós. Como fue considerada semidiosa Boula Patolidou, medalla de oro en la prueba de 110 metros vallas en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Un tropezón inoportuno de Gail Devers en la última valla propició la sorprendente victoria de la griega. 

Nunca una victoria hizo tanto daño al atletismo y al olimpismo griego.

En un país tan pequeño pero tan apegado a los juegos, un éxito como el de Patolidou les pilló absolutamente de imprevisto.  

Veamos una serie de cifras bastante significativas poniendo como referencia las medallas de Grecia en los mundiales de atletismo. 

Desde 1983 hasta 1997 sólo se consiguió una medalla (Ana Berouli). En el 98 Atenas es la elegida para organizar los Juegos Olímpicos de 2004. Desde el Mundial de Atenas de 1997 hasta el de Osaka de 2007, 18 medallas. Curiosamente en Helsinki 2005, un año después de las Olimpiadas de Atenas, ningún metal. 

En los europeos las medallas empiezan a ganarse en Budapest 1998, con Thanou. Luego aparecerán Kenterís y compañía.

Iakovakis salva el honor porque sigue ahí en 2006. Casualmente, no lo lleva Tzekos.

Otro atleta desaparecido es Haris Papadiá, campeón de 60 metros en pista cubierta, en 1997. Otro chico Tzekos. El salto “de calidad” lo pegó con Thanou, pero luego quedó en el olvido.

Haris Papadias.


Campeón del mundo 60 metros, París 1997. Flor de un día.


¿Cuándo empezaron las sospechas?

Todo empezó, casi por casualidad, en una reunión atlética en Dortmund, en el 97. La negativa de Tzekos a que se realizasen análisis a sus atletas (Thanou y Papadias) le “delató”. Un error de forma -el controlador se presentó sin identificación y sin controladora- hizo que no se sancionase a los corredores. Tzekos, sin embargo, sí fue suspendido por la federación griega, hecho éste aplaudido por la IAFF. 

A Kostas Kenterís y a Ekaterina Thanou les dedicaré un post pero para hacernos una idea de hasta adónde puede llegar la cosa decir que la moto con la que dicen que tuvieron el accidente en la villa olímpica de Atenas era de Tzekos. 


Campeón de Europa, campeón mundial y campeón olímpico el primero, y campeona de Europa la segunda, que reclama el oro olímpico de Sidney porque se lo quitaron a Marion Jones -dio positivo años después-. 

Ahora que en España ha saltado el tema del doping a la luz, no puedo evitar el establecer ciertas comparaciones con lo que sucedió en Grecia con este señor. Nadie sabía nada, la federación se lavó las manos, incluso los jueces lo absolvieron de algunos de los cargos de los que se le imputaba, etcétera. 

Desparecido Tzekos, desaparecidos sus atletas. Sólo Thanou consiguió remontar ligeramente el vuelo. 

En 2004, con el escaldalazo Kenteris-Thanou, todo se vino abajo. En un día, los atletas de Tzekos pasaron de la luz a la oscuridad. Atletas que aparecieron, vieron, ganaron y … desaparecieron misteriosamente. Un atleta que aparece como un champiñón, de la nada, se dopa. Todos lo saben pero muchos no dicen nada porque “la mierda nos salpica a todos”. Evidentemente, la Federación Internacional de Atletismo es la que acaba por tomar cartas en el asunto, porque eso de hacer aparición en una gran cita habiendo esquivado controles o sin tener referencia de marca alguna…

Tzekos, vendedor de productos nutricionales, alterna su residencia en Illinois con largas estancias en Grecia.

En una redada en 2004 fueron encontradas 1400 ampollas que contenían anabolizantes y otros productos prohibidos. Las tenía en su despacho. Las autoridades sanitarias griegas le multaron con 14800 euros por importación ilegal de anabolizantes.  


El periódico Byma publicó que Tzekos había propuesto al gobierno griego un programa secreto en 1997. El presupuesto sería de 6 millones de euros y la idea era la de trabajar con 150 atletas con sistemas de doping no detectables para la preparación de las Olimpiadas de Atenas. El gobierno se opuso. En un programa de televisión Tzekos reconoció su admiración por el sistema de planificación de las competiciones en la antigua GDR. Todos sabemos ahora lo que pasaba.

En 2003 las autoridades de USA encontraron e-mails de Víctor Conte dirigidos a Tzekos mientras investigaban al primero por su implicación en el escandalazo de los laboratorios BALCO.


Según l´Equipe, Tzekos tenía relación directa con el creador del norbolethone y del THG (tetrahidrogestrinone) Patrick Arnold, el padre de ciertos esteroides indetectables entre otras cosas.

Sin embargo, en 2007 las autoridades griegas dijeron no encontrar evidencias de relación directa entre Tzekos y BALCO. Tzekos sigue diciendo que conoce a Arnold por el tema de los suplementos nutricionales nada más y no por haber recibido de él sustancia ilegal alguna.


“Nosotros hemos pasado más de 1000 controles con todos mis atletas y no han encontrado nada.”


Tsekos sigue teniendo su despacho y dedicándose a temas relacionados con la dieta y alimentación de los atletas. Reloj de oro, cadenas y sonrisa de aquí a allá.

“Yo, Kenterís y Thanou fuimos víctimas de un sistema”

El caso Thanou-Kenteris-Tzekos sigue abierto. Todavía hoy, en 2011, siguen saliendo sentencias referentes al caso. Dimes y diretes, recursos y contrarrecursos. Tzekos niega las acusaciones. Continuará… 


"En el dooping existen leyes. Si no las cumples, eres culpable. De lo contraria, no lo eres. Cuando en los controles no se encuentran pruebs, entonces no puedes hablar de dooping."

sábado, 9 de abril de 2011

Who´s faster?



Usain Bolt, el hombre más rápido de la tierra, viene a Salónica. El último meeting de la temporada de la IAFF tiene lugar en la ciudad. No me lo creo.

Casi por casualidad, un día escuchando la tele lo comentan de refilón, pero como todavía faltan bastantes días, lo olvido por completo. Investigo por Internet de qué se trata exactamente porque sé que hay Diamond League, Golden League, etc… pero de la IAFF estoy un poco pez. La página que anuncia el suceso deja mucho que desear. 


Llegadas las fechas -segunda semana de septiembre- veo carteles por las calles y anuncios en la televisión. Parece que va en serio, aunque lo de Bolt sigo poniéndolo en cuarentena. Me lo empiezo a creer cuando veo que las que anuncian la reunión son las atletas Isinbayeva, que tiene el récord mundial de salto de pértiga, y Blanca Vlasic, que es la campeona del mundo de salto de altura. 

Me pongo a buscar cómo puedo conseguir las entradas. Una mañana de domingo, si no recuerdo mal, voy a un cajero del banco que toca e ingreso la pasta. Creo que fueron 15 euros por persona los dos días. Por suerte, no tenemos ningún problema.

Una tarde cualquiera salimos de paseo mi mujer y yo en dirección al mar y a las tiendas. A la altura de la calle Tsimiski escuchamos cierto murmullo y vemos a un grupo de gente en la calle que parece esperar algo o a alguien.


Cuando veo que están haciendo cola junto a la tienda de Puma se me enciende una lucecita en la cabeza. ¿Estarán esperando a Bolt?

Reacciono de inmediato. Abandono a mi mujer. Salgo corriendo. La cuesta hacia a casa no es muy pronunciada, pero igualmente cansa. No sé si llegaré a tiempo. Sudo.
Subo las escaleras de dos en dos, entro en casa tropezando con algunos zapatos y cojo la cámara de fotos que está en el cajón. En Salónica conviene siempre llevar la cámara encima. También agarro una de mis zapatillas, que es Puma y está casi nueva. Ahora bajo las escaleras de tres en tres. Sólo espero que no sea demasiado tarde. A lo mejor el campeón hace acto de presencia y se va a los dos minutos. Lo desconozco.
Agarro a mi mujer, que me está esperando, y nos metemos por entre la gente. Conectamos nuestros pabellones auditivos. Bolt llega en un cuarto de hora y firmará autógrafos. Nos colamos con los periodistas y algunos VIP. 

La tienda está engalanada para la ocasión, con fotos y camisetas de Bolt por todos lados. Me regalan también unos brazos-alas de goma espuma enormes que simulan el gesto característico de Usain. Siempre lo hace cuando gana. 


En la sala hay muchas cámaras de televisión, micrófonos, grabadoras… También un atleta griego saltador de altura, que ya está retirado, que hace como de maestro de ceremonias. Hay una silla, una mesa y unas vallas que las separan de nosotros. Ahí firmará. 

Los dependientes intentan vender algo aunque, como casi no se cabe, nadie se puede mover. 

Nos enteramos de que Kostas Papanikolau, jugador de baloncesto, ha fichado por el Olimpiakós. Lo están comentando algunos periodistas de la ciudad. 

Antes de que entre por la puerta el atleta, se producen varias falsas alarmas. La seguridad privada y algunos policías prohíben la entrada a la gente. Nosotros estamos dentro. Se retrasa bastante y el calor aprieta. Algunos chavales también consiguieron quedarse y hacen cola con tal de ser los primeros.

La temperatura de la sala, el murmullo de la gente y el calor humano no se soportan más. Por suerte, esta vez sí, Bolt viene.

Se oyen los gritos de la gente y miembros de seguridad hacen hueco. Un pequeño pasillo permitirá que pase el séquito. 


Flanqueado por dos o tres guardaespaldas, aparece el monstruo. Es altísimo. Viste con ropa deportiva y va escuchando música. Está muy serio. Intuyo que a lo mejor no se siente cómodo en este tipo de escenarios. Desaparece por unas escaleras que dan a la parte de arriba. Al parecer allí se hace unas fotos para la tienda y demás.

Aparecen también los políticos, claro, y los hijos de los políticos… Tienen una cara que se la pisan. 

La gente se impacienta. De nuevo aparece el segurata chulo y Bolt toma asiento detrás del sitio vallado. Sin embargo, todavía tardará un rato en pasar la fila. Una serie de periodistas se adelantan y le entrevistan. El saltador de altura que dijimos es quien traduce las preguntas. 


Como imagino que fuera está cada vez más lleno y los minutos pasan, deciden abrir la valla. La gente circula cuan procesión. No dejan que la gente se pare más de tres o cuatro segundos, lo justo para que Bolt firme una de sus fotos. Pero llega mi turno y, ni corto ni perezoso, saco de la bolsa una de mis zapatillas. Me mira serio y, sin mediar palabra, firma. No dejan que nos acerquemos para tirar alguna foto, así que hacemos lo que podemos. Más contento que unas Pascuas salgo de allí con una foto firmada, una zapatilla y mis brazos  who´s faster? Como un niño con zapatos nuevos, oiga.


La foto se la regalé a mi amigo Luis, ex atleta, pero la zapatilla, que casi no me la pongo, la guardo como oro en paño.


El acto publicitario tuvo lugar un jueves. El sábado y el domingo se produjo la reunión, a la que asistimos gustosos. Vinieron un montón de campeones y lo pasamos muy bien. Javier Sotomayor, medalla de oro en Barcelona 92 en salto de altura, estaba cerca de nosotros.

Usain Bolt montó su espectáculo. Mientras sonaba Zorba el Griego antes de los 200 metros, empezó a puntear como si tuviera una guitarra eléctrica. Se puso a bailar con la complicidad de los otros corredores. Ganó de calle la carrera.


Está claro que donde habla y se siente cómodo Bolt es en la pista y no firmando autógrafos. Grande Bolt.

Entrenándose en mi campo de entrenamiento:


http://www.youtube.com/watch?v=Qgf6Y_NXVkA&feature=related 

El show:

http://www.youtube.com/watch?v=dLvDA9gDh8Y&feature=related

La carrera:

http://www.youtube.com/watch?v=3N41hheW7tE&feature=related


Un pequeño apunte:


http://www.primerahora.com/boltganalos200metrosenfinalmundialdeatletismo-330586.html