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miércoles, 26 de junio de 2013

Teledemocracia.


Éstos son 6 de los nuevos miembros del Gobierno: todos son periodistas.

- Ministro de Deportes: Panos Panagiotopoulos: fue director de informativos de Skai FM y de Star TV. También trabajó en ET1, Ant1 TV y otras radios.
- Viceministro de Educación: Kostas Gioulekas: periodista en la Televisión de Salónica.
- Viceministro de Deportes: Giannis Andrianós: articulista en Apogeumatiní.   
- Viceministro de la Televisión Pública: Pandelís Kapsís: muchos años director de los periódicos Ta Nea y To Bima.Su hermano es un conocido periodista de Mega.
- Ministro del Interior: Giannis Mihelakis: cargos importantes en los canales Mega, Mega Chipre y en Ant1.
- Ministro Portavoz: Simos Kedikoglou: trabajó en Mega, en el periódico Kathimeriní, ERT, CNN Internacional, Apogeumatiní y otros.

No está mal, ¿eh?


La Teledemocracia básicamente consiste en “hacer política desde la televisión”.

Ya era un fenómeno constante extendido en Grecia antes de la crisis, pero desde 2009 se ha multiplicado hasta niveles insospechados. La situación de bancarrota que vive el país y todos los problemas derivados de la recesión han hecho que los programas matutinos sobre política tengan más audiencia que nunca. A los diputados les es más cómodo ir a un informativo a soltar el discurso que hacer un mitin, entre otras cosas porque muchos de estos teledemócratas no pueden salir a la calle a tomar un café sin que les insulten.

Semana tras semana asistimos a un bla bla bla constante y cansino que nos calienta la cabeza y no conduce a nada. Sin embargo, los charlatanes creen que sus apariciones sirven realmente para algo. La gente de a pie los aborrece, pero no se dan cuenta.

Cada mañana en Antena1, Giorgos Papadakis (arriba a la izquierda).

Cada tarde-noche en SKAI, Nikos Evangelatos (arriba en el medio). Los de la foto son periodistas.

Cada mañana se emiten cuatro programas casi idénticos a la vez en los que se reúnen y discuten miembros de varios partidos políticos. El formato es parecido: en una mesa redonda o semicircular se sientan los teledemócratas y sueltan su mensaje como quien abre un grifo o echa la pota. Nunca responden las preguntas de los periodistas e intentan reconducir el debate para llevarlo a su terreno.

Las mañanas de NET, el canal público cerrado que controla la oposición (!!!).

 
Dimitris Kambourakis (arriba a la derecha) y Giorgos Oikonomeas (arriba en el centro) nos dan los buenos días en MEGA. En esta imagen aparece Andreas Loberdos, que ya no es miembro del PASOK a pesar de haber sido Ministro de Sanidad no hace mucho.

Evidentemente, las charlas acaban convirtiéndose en un corral, donde cada gallina trata de imponer su ley subiendo el tono de voz. Gana el que más grita o el que menos calla. El periodista se encarga de dar paso a la publicidad, fundamentalmente.

Hay diputados que se levantan por la mañana y “se van de ronda” como la Tuna. En un día son capaces de aparecer en tres o cuatro teles y en varias radios. No se limitan a intervenir telefónicamente: van a los medios en persona y se pasan horas allí. No dudan tampoco en pasarse por los informativos de la tarde o de la noche, con lo que el telespectador vive en un constante deja vú. ¿No tienen otra cosa que hacer? Pues al parecer, no. Muchos de estos pesados que van rotando están más horas en la televisión que en el Parlamento. Han hecho de la Teledemocracia su modo de vida. No cobran por sus apariciones, pero no importa porque bastante ganan con su sueldo de diputado.

Vociferan, se interrumpen, ríen, gesticulan y se insultan. Parece que les “excite” el gallinero. Cuando se produce un encontronazo fuerte, el profesional intenta mediar, aunque en el fondo está encantado de que la tertulia estalle más que nada para romper la monotonía y subir la audiencia. Al más puro estilo reallity show. Un poco de telerrealidad en medio de densos y soporíferos debates interesa al realizador, claro.

SKAI nos ofrece 4 programas casi idénticos al día. Imagen del programa de la tarde.

Si contásemos con un reloj el tiempo que se pierde en los programas, nos sorprenderíamos: “no me dejas hablar”, “¿por qué me cortas?”, “no he acabado”, “dos minutos, sólo dos minutos”, “¡dejadme hablar!”, “es mi turno”, “yo no te he interrumpido”, etcétera. En mi clase de Bachillerato hacíamos debates mejores y más ordenados.

Para que un español me entienda: los programas son formalmente parecidos a los de las mañanas, con cafés encima de la mesa y contertulianos. No se hacen entrevistas. Los tertulianos no suelen ser periodistas sinó políticos, generalmente diputados del Parlamento. En cuanto al resto, nos encontramos ante una especie de 90 segundos sin límite de tiempo. Cada uno lanza su mensaje al aire como un latigazo e intenta no caer en provocaciones, hecho altamente improbable.

Periodistas del canal privado MEGA, que es el canal del PASOK y ahora también de ND. El de abajo a la izquierda es el hermano del nuevo ministro. Olga Tremi (arriba en el centro) presenta el informativo de la noche.

Aunque la cantidad de problemas que tiene el país es enorme, parece que desaparezcan en cuanto aparece otro nuevo. De una semana a otra Chipre se olvida o los recortes “no existen”, porque la actualidad manda: llevan 15 días discutiendo sobre la radiotelevisión pública mientras en las farmacias faltan medicinas y las patatas ya están en 1,30 el kilo. Cuando vuelva a abrir la televisión pública surgirá otro problema con el que rellenar el tiempo: será el plazo límite de una dosis, los despidos en los hospitales, los cierres de los colegios o quién sabe.

La Teledemocracia es una gran comedia en el “país del teatro”. ¿Qué credibilidad puede tener un tío que hace dos meses estaba en un partido y ahora está en otro? ¿Cómo tiene la cara dura de salir y criticar al partido que le ha estado dando de comer hasta anteayer? ¿Qué consiguen estos diputados apareciendo en estas auténticas “tertulias de café“? ¿Son conscientes de que han instaurado la Teledemocracia y se han cargado la Democracia? ¿Por qué el partido político que más sube es el único que no sale en la tele? ¿Están todos estos charlatanes satisfechos con sus apariciones? ¿Qué periodismo es éste?


Periodistas que nos marean a diario con sus informaciones sobre política. 

Los teledemócratas se comportan como niños en los platós y luego trasladan sus peleas al Parlamento. En Syntagma discuten a grito pelado sin respetar la opinión ni el turno del otro, como en los medios. Las sesiones parlamentarias son auténticas reuniones de vecinos de ésas en las que el del quinto no para de quejarse y el del cuarto golpea la mesa.

Dudo que a estos tertulianos les beneficie salir en la televisión, pero está claro que ellos se sienten con el deber de hacerlo, por lo menos para mostrar su labor a los votantes. Yo creo que es contraproducente porque la gente acaba reconociéndolos por la calle y no se corta un pelo.

Los teledemócratas no tienen vergüenza. Cada vez que en el canal del Parlamento el realizador abre el plano, se ve la sala vacía. Solamente acuden los que se traen escrito el discurso de casa y los diputados de Amanecer Dorado. ¿Será porque están vetados en las teles y no tienen nada mejor que hacer?

Liana Kaneli, diputada del Partido Comunista que militó en Nueva Democracia hace unos años.

Ilías Kasidiaris de Amanecer Dorado lanzando un vaso de agua a una diputada de SYRIZA en el programa de Papadakis. Acabó abofeteando a Liana Kaneli. Desde entonces, AD apenas ha aparecido en los grandes canales. Seguimos sin sabe si fue un montaje

Liana Kaneli también es periodista y tiene su propio programa de radio en Real FM.

De tertulia en MEGA.

Si yo fuera un periodista de los que presentan los programas matutinos de política, no me sentiría orgulloso de mi trabajo, la verdad. Obedecen. Una pena. Demasiada cosquilla y poco mordisco. De tantas veces que van a los canales, los diputados establecen amistad con los profesionales de la información. Se tratan de usted por puro formalismo porque se conocen bien. No es extraño ver a periodistas metidos en política. Intercambio de favores, supongo: tú me tratas bien y en dos años te ofrezco un "carguito" o te introduzco en el mundillo. No hay menos de 6 o 7 diputados de los que recorren los platós que tienen el título de periodista y que en el pasado presentaban sus propios programas. Hay algunos que incluso se dedican a vender libros por la noche en canales pequeños o que tienen su programa de radio. No tienen bastante con inundarnos todo el día con sus mensajes, sinó que también lo hacen desde su “tribuna”. También bombardean las redes sociales, claro, que es lo cool y te permite estar en contacto directamente con los votantes.

En el fondo, marear la perdiz en la caja tonta no es otra cosa que hipnotizar a la audiencia. Se trata de no hacer nada haciendo parecer que se está haciendo algo (empiezo a parecerme a Mariano…); no olvidemos que vivimos inmersos en la cultura de no hacer nada.

Ádonis Georgiadis (derecha) con su ex jefe, Giorgos Karatzaferis, líder del partido LAOS y que tiene un canal de TV.

En MEGA "defendiendo poco después los colores" de Nueva Democracia.

A altas horas podréis encontrar a Georgiadis vendiendo libros a gritos. Vean:


El de la derecha es su hermano.

Discutiendo con un miembro de SYRIZA en el programa de Giorgos Autiás, en SKAI.
GEORGIADIS ES EL NUEVO MINISTRO DE SANIDAD.

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Existe el periodismo independiente en Grecia?

 

Son pocos los periodistas en Grecia que se atreven a tocar temas delicados o a investigar casos de corrupción. Es más, el sistema está tan podrido que incluso algunos periodistas están a sueldo de los partidos. No descubro nada, lo sé. La relación periodista-político se ha convertido en una relación entre colegas. Políticos de primera fila y periodistas de los que peinan canas se conocen desde hace más de treinta años y claro, tuteo bochornoso, masajes relajantes y poca mordedura. Cuando un político va a la tele -muchas veces, “su tele”- se limita a exponer su versión de la situación. Si se produce alguna pregunta incómoda se defiende atacando a los políticos rivales y así evita contestar.

Muchos me dirán que quién soy yo para juzgar el trabajo de periodistas que llevan más de treinta años en la profesión, pero es que me llama la atención que haya ciertos rostros “intocables” que se limiten a “abanicar” a los farsantes. Que conste que no estoy diciendo que tengan que ponerse la máscara antigás y bajar a la calle, pero lo que si exijo es profesionalidad e imparcialidad. Que no se posicionen si no quieren, pero que por lo menos informen.

Visto lo visto, a nadie le extraña a estas alturas que haya nombres de periodistas en la famosa Lista Lagarde. ¿Qué credibilidad puede tener un periodista que tiene cuentas en Suiza, hijos matriculados en universidades americanas o pisos de lujo en algunas de las principales capitales europeas? ¿Cómo tienen la cara de denunciar la práctica del “sobrecito” cuando estoy seguro de que ha sido algo habitual en el periodismo durante muchos años? No se trata de ser de izquierdas o de derechas, sino de ser consecuente con la profesión y con lo que con tanta ostentación proclaman. Hace tanto tiempo que dura la comedia que muchos han decidido apagar la tele y no creerse nada de lo que dicen los grandes canales. A los pobres jubilados, sin embargo, los tienen hipnotizados.
Por suerte, Internet se ha llenado de páginas “no sometidas” que denuncian con libertad lo que realmente pasa. Algunos de los escándalos que han ido saliendo a la luz los han destapado periodistas independientes que tienen su propia publicación. También hay canales locales de televisión que se atreven a tocar ciertos temas que serían censurados en los nacionales.

¿A quién debemos creernos?

A nadie. El corporativismo y los grupos de poder son semejantes a los españoles, así que ya sabe uno a lo que se atiene si pone un canal u otro, o si compra un periódico u otro.

Los programas sobre política que hacen por la mañana -casi idénticos en todos los canales- se han convertido en tertulias de café que no llevan a ninguna parte. Los únicos que hacen algo de periodismo son los pobres reporteros a los que se les da paso unos cinco minutos cada mañana. ¿Qué diablos hacen cada mañana los mismos diputados que el día anterior contándonos los mismos cuentos e insultándose los unos a los otros con el único fin de ganarse el derecho a volver?

El formato es prácticamente igual en varios programas, con varias ventanas en la pantalla por las que asoman los tertulianos. Nunca invitan a ciudadanos de la calle para que opinen libremente y de vez en cuando emiten algún vídeo preparado que describe la actualidad: un día es la huelga de metro, otro la protesta de los agricultores, etcétera. Después del vídeo empiezan las discusiones de “cafeneío” que fascinan al periodista. Si el tono del “debate” baja, aviva el fuego para que griten más fuerte.

Discusiones de café tenemos a la misma hora en cuatro canales distintos, y por la noche se repite la misma historia. Hay diputados que “hacen la rueda” y se les ve más en televisión que en el escaño. No me extraña que al final la gente opte por Suleimán el Magnífico -serie turca de televisión-, claro. ¿Cómo es posible que haya diputados que aparezcan el mismo día en tres o cuatro tertulias distintas? ¿Por qué lo anuncian en twitter como si fuera un mérito el asistir a tantas “charlotadas”? ¿Por qué los canales siguen llamando a los mismos?

El “color” de los tertulianos varía en función de quien gobierne. Actualmente, como hay tres socios en el Gobierno, siempre están representados -ND, PASOK y DIMAR-, así como el SYRIZA, que es el principal partido de la oposición. Es decir, tres socios contra la piedra del zapato. El DIMAR, que tiene poquísimos diputados, está en todas las tertulias. Los otros partidos con representación parlamentaria raras veces son invitados. O lo que es lo mismo, los canales no permiten que oigamos otras voces, otras propuestas, otras ideas. ¿No sería mejor invitar también a representantes de partidos sin representación? ¿No se han enterado todavía de que estamos huérfanos de nuevas propuestas? Cuando el ambiente está cargado es necesario abrir la ventana. Para escuchar a todos estos nuevos grupos de opinión hay que recurrir a canales minoritarios o a Internet.

¿Por qué no invitan a gente de la calle? Quiero oír a profesores, agricultores, taxistas, escritores, actores, inmigrantes, policías, amas de casa, jubilados, enfermos, médicos, músicos o estudiantes. Pero claro, al diputado que cobra 6000 euros al mes no le importa ir rotando gratis por los canales, aunque le insulten. Luego, si eso, se pasa un ratito por el Parlamento para ver qué se cuentan.

En lugar de buscar soluciones o discutir sobre las mismas, unos y otros se tiran los trastos a la cabeza.

No debe ser fácil ser un periodista independiente en Grecia cuando las garras del poder lo abarcan todo, llegándote incluso a amenazar o intentando comprar tu silencio con un sobre cerrado lleno de billetes.

Lo justo sería repartir las culpas entre periodistas y políticos. Un canal le hace una entrevista a Alexis Tsipras, presidente del SYRIZA, en directo, y en una hora no oímos ni una sola propuesta. Todo el discurso se basa en hablar mal del Gobierno y en describir la catástrofe que se nos viene encima, como si no lo supiéramos los que no llegamos a 400 euros al mes. Tampoco el periodista da pie con sus comentarios a que el entrevistado nos sorprenda con alguna propuesta nueva, ni las preguntas van encaminadas a ello. Hacer una rueda por las televisiones para decir que el país se hunde también puedo hacerlo yo, que soy quien lo “sufro”.

No es lógico anunciar a bombo y platillo que vas a entrevistar a un político cuyo nombre está imputado judicialmente en alguna causa y no hacer ni intención de preguntar sobre el tema, lo que me hace pensar que las cuestiones a veces están pactadas con antelación.

Eso sí, sacamos las cámaras a pasear cuando podemos grabar algo impactante, como un grupo de personas peleándose por un saco de mandarinas. Y metemos el micro a los jubilados para que peguen tres o cuatro gritos y así se desfoguen. El diálogo que se establece entre el pensionista cabreado y el periodista sentado en el estudio es patético.

La hipocresía de algunos que hoy critican abiertamente a la clase política es tan grande que no tienen ni la decencia de negar en público que han aparecido en listas de evasores fiscales. ¿Le interesa al periodista que está en la lista llegar hasta el fondo de la cuestión? Pues claro que no. A partir de ahí, o te dejas llevar por la corriente o te atienes a las consecuencias. Ha habido denuncias contra periodistas e incluso detenciones, vía partidos políticos o a través de terceros. ¿Hay libertad de información en Grecia? ¿Cuántos periodistas están metidos en el ajo? ¿Por qué no profundizan en temas capitales?

¿Sirve de algo leer cada mañana veinte veces durante el programa los titulares de los periódicos? ¿Por qué no profundizan en alguno o nos comentan los artículos más interesantes? ¿Acaso ni se los han mirado y lo hacen por puro compromiso? Leer portadas no sirve absolutamente para nada.

La gente quiere saber por qué no puede seguir con la vida que tenía antes, por qué sigue subiendo el precio de la gasolina, por qué nadie rinde cuentas ante la justicia, por qué seguimos sin conocer las cuentas de las Olimpiadas de 2004, quiénes están detrás del escándalo Siemens y cuánto se embolsaron los políticos en comisiones, qué políticos, empresarios y periodistas tienen cuentas en Suiza, por qué las empresas navieras gozan de tantos privilegios, por qué cambian las leyes de un día para otro, por qué nos vendieron el cuento de que había dinero en la caja, por qué judicialmente los diputados son casi intocables, por qué se permite aprobar leyes de “autoprotección política”, por qué siguen habiendo políticos apalancados en el escaño desde hace más de treinta años sin haber dado un palo al agua, por qué sigue entrando gente en la administración por la puerta de atrás, por qué siguen aumentando los impuestos y en cambio disminuyen los ingresos, por qué tienen que venir de fuera a decirnos lo que tenemos que hacer, por qué tanto gasto militar, por qué la iglesia no paga impuestos, por qué no se hace algo con los inmigrantes ilegales, por qué jubilaciones anticipadas injustificadas, por qué tanta permisividad con los peces gordos, por qué tanto miedo a los turcos, por qué tantos jóvenes en paro, por qué tanta burocracia absurda, por qué tanta emigración “forzosa” o por qué no cambia nada y nadie resuelve nada.

Pero lo peor de todo y por ello creo que los periodistas griegos deberían reflexionar, es por qué para enterarse de lo que realmente está pasando debemos recurrir a la prensa extranjera o a la que prácticamente vive en la clandestinidad.